Majorana, la partícula que es también antipartícula, por fin observada


La existencia de la partícula Majorana fue teorizada por el físico italiano del que recibe su nombre, Ettore Majorana, en 1937. También conocida como fermión de Majorana, ha sido una partícula que ha esquivado a los investigadores en los últimos ochenta años. Su misterio reside en que contiene en su esencia materia y antimateria con la misma masa pero con cargas opuestas.

Los físicos han podido por fin descubrir trazas del fermión de Majorana, del que algunos científicos han sugerido que conforma la materia oscura de la que se piensa que constituye el 27% del Universo.

En 2001 el profesor Alexei Kitaev, de la Universidad de California, predijo que el fermión de Majorana aparecería al final de un hilo superconductor. Once años después, físicos holandeses encontraron evidencias de la señal eléctrica característica de esta partícula en nanohilos de antimoniuro de indio en contacto con un electrodo normal de oro y otro superconductor de nitruro de niobio-titanio.

Pero el año pasado, los profesores Ali Yazdani y Andrei Bernevig, ambos de la Universidad de Princenton, intentaron capturar una imagen de este fermión de Majorana. Usaron un microscopio gigante de dos pisos de altura en un labotatorio de ultra vibración y lo encontraron al final de un cable de un minúsculo cable de acero de solo unos pocos atómos de longitud. Colocaron el cable en la parte superior de un trozo de plomo y lo enfriaron a 272 grados bajo cero.

La característica fundamental del fermión de Majorana es que es estable a pesar de ser una partícula de materia y antimateria y apenas si interactúa con su entorno. Así lo confirma Yazdani:

La materia y la antimateria pueden existir por separado cuando ninguna de ellas está hablando una a la otra.

El experimento fue un éxito y lograron capturar imágenes de estas señales eléctricas neutras de los fermiones de Majorana, que se cree que serían perfectos para crear computadores cuánticos. Los resultados fueron publicados el 2 de octubre en la revista Science.

Vía: Sci-News