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El mosaico de Anfípolis ¿es un retrato de Alejandro Magno y sus padres?


Hasta ahora, los únicos retratos que hay de Alejandro Magno son los del famoso mosaico de Pompeya, que le representa en la batalla de Issos, y los que aparecen en las monedas de la época, no muy fiables por los rasgos esquematizados y tamizados por el estilo clásico. Pero ya podríamos disponer de uno más, si se confirma la teoría de los arqueólogos que acaban de encontrar otro mosaico.

En este caso estaba en el túmulo funerario de Anfípolis (norte de Grecia) que hemos visto en los medios estos días y que muestra en realidad una escena del mito de Perséfone: la joven, hija de Zeus y Deméter, es raptada por Hades en presencia de Hermes. Hasta ahí nada anormal salvo la belleza de la obra en sí. Ese tema representado en un entorno funerario no es raro. Dos de las tumbas macedonias halladas en Vergina, tanto la de Nicesipólis como la de Eurídice, amante y madre respectivamente de Filipo, presentan pinturas con escenas similares.

Lo que pasa es que el arqueólogo Andrew Chugg cree que hay que leer entre líneas e identificar a cada uno de los personajes con otros históricos. Aunque hay candidaturas variadas para el titular de la tumba, Chung lanza la hipótesis de asignársela a Olimpia, madre del héroe macedonio, que pondría rostro a Perséfone. También teoriza sobre la posibilidad de que no sea Olimpia sino Roxana, la esposa de Alejandro, pues ambas fallecieron entre los años 325 y 300 a.C.

Sin embargo, se inclina por la primera debido al pelo rojo con que está representada: Olimpia era originaria de Molosia, en el Épiro, donde es más probable que hubiera pelirrojas en comparación con el Afganistán natal de Roxana. Se sabe también que Alejandro tenía el pelo de un tono rubio rojizo.

Pero hay más. La sepultura está decorada con grandes esfinges y cariátides asimilables a klodones, sacerdotisas de Dionisos, que se identifican por ser representadas con cestas llenas de serpientes en la cabeza y de cuyo culto era devota Olimpia, algo que transmitió a su insigne vástago. Por tanto, quizá el mosaico no se limite a ilustrar un episodio mitológico sino también los extraños ritos dionisíacos, llenos de misterio y lujuria.

La teoría es apoyada por Lena Mendoni, secretaria general del Ministerio de Cultura de Grecia, quien confirma que Alejandro fue un oficiante de esas ceremonias. Lo que lleva a la siguiente especulación: si Perséfone es Olimpia ¿quiénes encarnan a Hades y Hermes? El primero se parece bastante a Filipo, su esposo y padre de Alejandro, que perdió el ojo de un flechazo durante una batalla; en el mosaico se le ve el perfil contrario, pero coincide en la edad que aparenta (murió con cuarenta y siete años).

En cuanto a Hermes, casi resta protagonismo a las otras dos figuras mirando de frente al espectador. Ello sería un indicativo de la importancia del personaje; de nuevo ese paralelismo que podría ponernos ante un nuevo retrato de Alejandro Magno. También tiene la edad adecuada -veinte años aproximadamente- para formar parte de ese simbólico retrato familiar del año 336 a.C, al igual que su padre y su madre, que andaría por los treinta y cinco.

Vía: Discovery News y Protothema