Stonehenge, el más carismático de los megalitos

Es uno de esos sitios que por sí solos constituyen un reclamo de turistas a Inglaterra y si no está tan masificado como cabría esperar es porque se alza en pleno campo, lejos de Londres y de centros urbanos. El caso es que Stonehenge tiene carisma y se ha impuesto en popularidad a otros monumentos parecidos, como el francés de Carnac, el portugués de Los Almendros y otros muchos.

Stonehenge es un crómlech, es decir, un alineación circular de menhires que se alza en Wiltshire, cerca de Salisbury. Construido a finales del Neolítico hace aproximadamente cinco mil años, se compone de cuatro anillos concéntricos de enormes bloques de dolerita azulada colocados en forma de trilitos (dos verticales que sostienen otro horizontal) y ensamblados mediante la técnica del machihembrado.

Cada una de esas piedras mide de cuatro a siete metros y pesa unas cincuenta toneladas, aunque hay algunas más pequeñas. Se cree que fueron llevadas por vía marítima desde Gales y luego transportadas por el río Avon, siempre con el trabajo de cientos de hombres y con la duda de si ya se había inventado la rueda o aún no. En cualquier caso, los trabajos no se hicieron de un día para otro y probablemente llevaron muchos años o incluso siglos, por lo que su aspecto pudo haber ido cambiando.

El conjunto mide ciento diez metros de diámetro rodeado por un foso y con una avenida procesional de tres kilómetros. En el centro del complejo está la llamada Piedra de Altar, de arenisca, que algunos identifican con un ara de sacrificios, lo que proporcionaría una posible causa para su destrucción por los romanos según algunas teorías, si bien otras apuntan a una decadencia del sitio como punto religioso.

Stonhenge era un lugar ritual y de observación astronómica, como prueba el hecho de que todos sus ejes se orientan hacia el solsticio de verano y los rayos del sol lo atraviesan ese día terminando en el crómlech vecino de Woodhenge (del que no se conservan más que las marcas en el suelo porque era de madera). Pero además también han aparecido numerosos enterramientos, lo que indica una función funeraria complementaria para las élites.

Tan peculiar rincón no podía evitar ser objeto de atención de leyendas y creencias, como su atribución al mago Merlín o una presunta conexión con la energía telúrica. Lo que sí es cierto es que formó parte de la cultura megalítica extendida por Gran Bretaña de sur a norte, protegida hoy como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Una serie de equipamientos como párking, tienda de recuerdos y cafetería se unen a la recreación de un poblado neolítico y un centro de visitantes que sirven para introducir al curioso al mundo de la Prehistoria mediante una exposición multimedia, de manera que reciba información sobre lo que se va a encontrar poco después, cuando descienda del microbús que le acercará al monumento.

Es necesario reservar hora de visita y, atención, tener en cuenta que ya no se puede entrar en los círculos del crómlech. Por lo demás, la entrada de adulto cuesta casi catorce libras aunque incluye audioguía. Abre de 9:00 a 20:00 en verano y de 9:30 a 17:00 en invierno (hasta las 19:00 el resto del año).

Foto 1: Tony Hisgett en Wikimedia