El mapa de Henricus Martellus, el que Cristóbal Colón pudo utilizar en su viaje de 1492

El mapa de Henricus Martellus, el que Cristóbal Colón pudo utilizar en su viaje de 1492

Cristóbal Colón pudo utilizar en la preparación de su viaje a las Indias en 1492 en el que descubrió el Nuevo Mundo el mapa de Henricus Martellus. Se trataba de un cartógrafo alemán que trabajaba en Florencia y realizó este mapa hacia 1491; aunque se desconoce el número de unidades que se hicieron de él, la única copia conservada está en la Yale University. Se trata de un mapa que debería estar colgado en una pared, ya que sus dimensiones son respetables: 1,22 x 1,83 metros

Colón partió hacia el oeste desde las Islas Canarias esperando encontrar una nueva ruta de comercio hacia Asia. Los escritos de él y de su hijo sugieren que él empezó a buscar Japón en la región que aparece sobre el mapa de Martellus, y el esperaba encontrar la isla navegando de norte a sur, tal y como se ve en este mapa. Se puede ver Japón lejos de la costa de Asia en la parte superior derecha del mapa. Sin embargo, lo que Colón encontró fue algo que Martellus no conocía: el Nuevo Mundo.

El mapa de Henricus Martellus posee una serie de acotaciones textuales que en la actualidad apenas si se pueden leer. Pero un equipo de investigadores, financiado por el National Endowment for The Humanities, ha usado una técnica llamada imagen multiespectral para descubrir de qué trata ese texto escondido.

Para ello este equipo ha usado un sistema de cámara automatizada desarrollado por Megavision, una empresa especializada en imagen digital. El sistema usa LEDs para reducir el volumen de luz y calor al que se expone el mapa. La cámara tiene una lente de cuarzo que transmite luz ultravioleta mejor que el cristal. El equipo usó 12 tipos de iluminación y un rango desde el ultravioleta al infrarrojo.

Cuando este proyecto se complete, quizás el próximo año, las imágenes estarán a disposición de los estudiantes y al público en general, que podrán verlos en la web de la Beinecke Digital Library de Yale.

Vía: Wired