Dibujos infantiles reinterpretados por artistas adultos

Dibujos infantiles reinterpretados por artistas adultos

Dibujos infantiles reinterpretados por artistas adultos

Vean qué experimento más curioso. El propio autor explica en qué consiste enunciando una simple pregunta: ¿cómo sería el dibujo de un niño reinterpretado por un artista profesional? Si tienen hijos o recuerdan su infancia (vale, en algunos casos incluso de adulto) habrán visto montones de garabatos intentando representar animales, la familia o la típica casa con el sol y las montañas al fondo. Pues bien, imagínenlos bien hechos.

Es más, saliéndonos de lo clásico y obvio, supongan que un adulto con el arte como profesión intente plasmar ese concepto que el niño, por su corta edad, es incapaz de representar con su lápiz. A veces bastará con añadirle color, sombras, matices y, sobre todo, técnica; en otras ocasiones casi habrá que hacer un uso intenso de la imaginación para intentar determinar en qué pensaba el infante, y no siempre queda claro. En cualquier caso, los resultados pueden ser asombrosos, bonitos, feos, raros, sorprendentes, terroríficos…

David Devries, el impulsor del proyecto, se puso a ello en 1998, según cuenta él mismo, después de contemplar una libreta de su pequeña sobrina llena de dibujos elementales: «Me pregunté si el color, la textura y el sombreado se podrían aplicar a un efecto 3D. Como pintor, realicé caricaturas que parecen tridimensionales para Marvel y DC Comics, así que ¿por qué no iba a aplicar esas mismas técnicas para el dibujo de un niño? Eso fue todo … no hay investigación, no hay años de trabajo, sólo la curiosidad de dar vida a los dibujos de Jessica».

El resultado, exposiciones y conferencias aparte, se puede contemplar en un libro titulado The monster engine en el que tres artistas profesionales interpretan a los niños. Son cuarenta y ocho páginas de bocetos, pinturas, fotos y entrevistas reunidas a lo largo de siete años: al lado de cada dibujo infantil va la versión adulta acompañada de la opinión del niño.

Acrílico, aerógrafo, tinta china y lápices de colores se alternan en The monster engine proporcionando al lector dos visiones diferentes de un mismo concepto separadas por casi tres décadas, los que van desde la edad infantil de quienes hacen la obra seminal -en torno a seis o siete años- a los artistas adultos que hacen su versión.

Hay monstruos, superhéroes y otros temas, a cual más peculiar; unos en color, otros en blanco y negro, los primeros imitan imágenes de cartel, los segundos viñetas de cómic. Pinchen en el enlace y asómbrense.

Más información: The Monster Engine