El mundo de los gadgets viajeros parece inagotable. La gente se extruja el cerebro para alcanzar el máximo grado de comodidad y versatilidad y en este blog hemos visto ya unos cuantos ejemplos: el dispositivo para impedir la reclinación del asiento de delante, el abrigo convertible en bolsa de viaje para evitar facturación, la capucha acolchada aislante que permite dormir, etc.

Pero es que lo de hoy bate récords porque parece ideado por Q, el inventor que le facilita a James Bond todos esos inventos que salen en las películas de 007. Se trata de una maleta-moto sobre la que el usuario puede desplazarse rápidamente de un extremo a otro de las cada vez más gigantescas terminales con que se dota a los grandes aeropuertos internacionales.

Supongo que alguna vez habrán tenido que coger un vuelo en Barajas, por ejemplo, y habrán oído por megafonía la advertencia de que recorrer la T4 desde su entrada hasta la puerta de embarque puede llevar veinte minutos. Pues bien, esta nueva maleta resolverá el problema sin necesidad de correr ni de llegando sudando y sin resuello; uno se monta a horcajadas sobre ella, mete la primera y hala.

Porque aparte de las cuatro ruedas que hoy son de serie en todos los equipajes, dispone también de un pequeño motor eléctrico, un sistema de frenado y un manillar de dirección. Todo ello muy ligero, apenas siete kilogramos en total, a pesar de lo cual se alcanza una velocidad de veinte kilómetros por hora. Teniendo en cuenta el uso previsto, recorrer un aeropuerto, posee autonomía de sobra: unos cincuenta kilómetros, aunque en realidad se puede recargar la batería (es de litio) en cualquier momento y ampliar esa distancia.

Dicen las reseñas que además, cuenta con más equipamiento, como un sistema de alarma antirrobo, luz, claxon y un GPS. Y pese a tener el tamaño de bulto de cabina, o sea, que no es necesario facturarlo sino que se lo puede llevar consigo a bordo, la motomaleta resiste el peso de dos pasajeros porque está encajada sobre un patinete.

El mérito del asunto corresponde a un campesino chino de la provincia de Hunan llamado He Liangcai, aficionado a eso de los inventos porque en 1999 ya recibió un premio por un novedoso sistema antirrobo. En este caso, dice, la idea se le vino a la cabeza tras perder su equipaje en un viaje. ¿Lo mejor de todo? Que Liangcai sólo tiene estudios primarios.

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