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Knee Defender o cómo impedir que el pasajero de delante recline su respaldo


Cuando uno viaja en avión, y al margen de turbulencias o retrasos, ¿hay algo que pegue un bajón mayor que el respaldo del asiento delantero bajando hacia uno, cual implacable cuchilla de guillotina? Quien vuele en Business habitualmente puede prescindir de leer esto, pero quienes lo hacemos en Turista sabemos que la forma más refinada de tortura a bordo -vale, no cuento la comida- es ese asiento reclinable que de pronto se abate para convertir lo que ya era un espacio mínimo en algo que va más allá, una especie de agujero negro que devora cualquier centímetro cúbico a la redonda y provoca que el pasajero de atrás termine preso en una versión moderna de la picota.

La cosa no es especialmente preocupante en las rutas de corta distancia, ya que el ser humano tiene una inmensa capacidad de aguante y una o dos horas de inmovilización pueden superarse sin peligro para la integridad física y psicológica, aparte de que en esos trayectos los respaldos no suelen inclinarse demasiado. El problema es cuando hay que hacer un vuelo de más largo radio, intercontinental por ejemplo, y el vecino delantero decide echarse una siesta nada más despegar.

No te queda otra que hacer lo mismo, aún cuando preferirías seguir erguido o cuando, como a mí, te resulta absolutamente imposible dormir a bordo. En tal caso, o se tiene una capacidad de abstracción superior para olvidarse del cuerpo y centrarse en la mente, o la búsqueda de una postura medianamente cómoda puede terminar siendo una obsesión muy difícil de solucionar.

A no ser que se recurra a la técnología, claro. Por alguna razón, el mundo del transporte aéreo parece coto abonado para la pillería -en el buen sentido- y cada problema, por peliagudo que sea, parece tener su correspondiente invento para sobrellevarlo. Hace tiempo ya escribí sobre el ingenio de algún que otro emprendedor para paliar las limitaciones que algunas aerolíneas low cost establecen rígida e inmisericordemente con el equipaje de mano: una especie de abrigo-maleta. Ahora, otros han creado un artilugio que impide bajar el asiento delantero.

Se llama, con cierta coña, Knee Defender (Defensor de Rodilla) y aunque nunca hayan oído hablar de él, lo cierto es que lleva en el mercado ya unos cuantos años, al menos desde 2003. Bien es cierto que se comercializa a través de Internet porque si se generalizase su venta en tiendas todo el mundo lo conocería y perdería efectividad. En este caso, el éxito parece depender de cierta discreción.

¿Por qué? Porque el ocupante del asiento de delante sabría cuál es la razón de que su respaldo no baje. Y para el de detrás resulta fundamental mantener esa ignorancia o corre el riesgo de que la cosa acabe en discusión o algo peor. Y eso que su uso es legal, al menos en EEUU, donde fue aprobado por la FAA (Federal Aviation Administration).

Me explico: el Knee Defender es un par de pequeñas (cada una cabe en la palma de la mano) y sencillas pieza que se colocan en los soportes de la bandeja y hacen de tope para el respaldo, impidiendo que se mueva. Como un freno, vaya. El otro pasajero presionará el botón o la palanca y empujará denodadamente sin conseguir nada y, en teoría, nunca se le ocurrirá que la causa está en la bandeja trasera, arteramente colocada por tí.

Ahora que lo pienso, no se si hago bien en darlo a conocer, teniendo en cuenta que me estoy planteando adquirir uno.

Más información: Knee Defender