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Ya están aquí las lentillas para ver en la oscuridad


Hace unos años me operé de miopía y pude decir adiós a las lentillas que, si bien eran más cómodas y polifacéticas que las gafas, no dejaban de constituir un engorro: limpiarlas cada vez que te las quitabas, tratarlas con cuidado para evitarles daños, etc. Pero si llego a saber cómo es la nueva generación de lentes de contacto que se avecina igual me lo hubiera pensado.

Y es que un equipo de investigadores de la Universidad de Michigan (EEUU), liderado por el doctor Zhaohui Zhonghan, ha desarrollado un modelo que permite incorporar a las lentillas unos sensores infrarrojos, lo que permitiría al usuario ver en la oscuridad total. Exactamente igual que hacen los soldados y cazadores con sus visores especiales o algunas cámaras de vídeo.

Ello es posible gracias al grafeno, un material auténticamente revolucionario, tal cual lo fue el plástico en el siglo XX. El grafeno es una sustancia formada por una capa simple de átomos de carbono dispuestos formando una trama hexagonal. Se parece al grafito pero tiene una ventaja fundamental: el espesor de esa hoja es tan minúsculo que una de un metro apenas alcanza un peso de 0,77 miligramos, así que no es difícil imaginar la liviandad de una milimétrica.

Ésa es la idea aprovechada por los científicos para incorporar a las lentes de contacto unos sensores de grafeno que detectan la luz midiendo el comportamiento de los electrones y los cambios que se producen entre las dos capas necesarias de ese material, debidamente separadas por un aislante. Así, los sensores pueden detectar el espectro de luz íntegro, incluyendo los rayos infrarrojos.

En la actualidad, los sensores de infrarrojos normales, los que están en las gafas de visión nocturna de uso fundamentalmente militar, son grandes y aparatosos. ¿Por qué? Porque requieren un sistema de enfriamento para que no se recalienten en exceso. Sin embargo, los sensores de grafeno no lo necesitan porque funcionan a temperatura ambiente, de ahí que puedan fabricarse con el grosor de una uña o incluso menos.

Con ese tamaño no sería preciso montarlos en una estructura como los visores sino que bastarían unas simples lentillas. Y voilá, su usuario ya podría ver en la oscuridad como los gatos. Pero, ojo, que no es el único uso que se le puede dar. Cualquier campo relacionado con el terreno visual se beneficiaría, empezando por las cámaras de los teléfonos móviles, que hasta ahora no podían incorporar sensores infrarrojos por la mencionada cuestión del tamaño.

Asimismo, en medicina se podrían localizar mejor los vasos sanguíneos y en arte sería posible ver con mayor claridad qué hay bajo la pintura de un cuadro, por ejemplo, También será más sencillo detectar fugas de gas. Y no olvidemos que, el año pasado, los científicos propusieron el grafeno como posible material para adelgazar el grosor de los preservativos.

Vía: De Zeen Magazine

Foto 1: Wikimedia

Foto 2: Richard Del Vecchio en Wikimedia