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La alucinante Ruta de las Caras de Buendía


¿Han oído hablar alguna vez de la pareidolia? Es un fenómeno psicológico por el cual un estímulo vago y aleatorio es percibido erróneamente como una forma reconocible. Ocurre sobre todo con las imágenes; seguro que alguna vez han «visto» una cara en las nubes, en montañas, en manchas…

Pues bien, si se dan una vuelta por los alrededores del pantano de Buendía verán rostros por todas partes. Y encima predominantemente religiosos, que es la forma más típica y recurrente de ese tipo de experiencias. Sólo que no se trata de paraedolias, aunque en cierto modo sí fueron originados por una. Me explico.

Eulogio Reguillo y Jorge Maldonado son dos amigos artistas de Madrid, que en 1992 estaban tallando una escultura en roca por aquellos contornos. En un momento dado, y sin intención, la obra se empezó a parecer mucho a una cara rolliza de monja. Como tal la terminaron, dando comienzo así a toda una colección de relieves y tallas similares que caracterizan lo que ya se llama la Ruta de las Caras.

Hay vírgenes, budas, krishnas, chamanes, damas misteriosas, duendes, La Monja (así se bautizó) primigenia… No todo son personajes, sin embargo; también hay otro tipo de composiciones como calaveras, espirales o cruces, con alguna cosa aislada más rara (Beethoven, Chemary). Pero, como se ve, predominan lo temas relacionados con religiones y mitologías.

Hasta dieciocho esculturas se cuentan, con tamaños entre uno y ocho metros de altura, que ora parecen brotar de pronto de una abertura en una farallón, ora surgen de entre los pinares que rodean el embalse. Y siempre aprovechando el material que ofrece la Naturaleza en esa zona conqueña: la roca arenisca.

A ese mágico y artístico rincón castellano-manchego se puede llegar de varias maneras: desde Cuenca, por la N-400 hacia Tarancón, desviándose en Carrascosa del Campo por la C-202 en dirección a Huete-Buendía; desde Guadalajara, por la N-320 que pasa por Tendilla y Sacedón; desde Madrid, por la N-II a Guadalajara y tomando allí la N-320.

En Buendía sólo hay que seguir la señalización correspondiente hasta un camino desde el que hay cuatro kilómetros a las esculturas. Nadie se cansará porque son sólo dos kilómetros de recorrido con un desnivel máximo de noventa metros e indicadores de dirección para no perderse. A cambio, se disfrutará de un paseo por el campo extraño y fascinante.

Más información: Ruta de las Caras