La ciudad excavada en la roca del Parque Nacional de Göreme

Turquía es un destino excelente para quien quiera pasar unas vacaciones exóticas sin gastar demasiado. Y más ahora que Turkish Airlines está desarrollando una gran expansión que incluye vuelos desde varios aeropuertos de España. Un turista que viaje a ese peculiar país tiene dos continentes por el precio de uno: Estambul, sitio de visita obligada, está en la parte europea; Capadocia, el otro rincón que no hay que perderse, está en la asiática.

Como es un territorio muy extenso, abundan los puntos de interés para el viajero en Capadocia. Uno de los más importantes, no tan popular como el célebre Pamukkale aunque igualmente atractivo para la cámara de fotos, es el Parque Nacional de Göreme, situado en la Anatolia central, a una docena de kilómetros del pueblo de Nevsehir y ciento cincuenta aproximadamente de Ankara.

Foto Robert Helvie en Wikimedia Commons

Lo característico de ese lugar, enclavado en un valle, está en las caprichosas formas que la erosión ha ido modelando sobre las rocas, tobas, retorciéndolas y llenándolas de oquedades o grutas. Este último efecto permitió desde muy antiguo que el ser humano las aprovechara como viviendas, agrandándolas, incorporándoles dependencias, pintando al fresco sus bóvedas e incluso estableciendo lugares de culto en ellas, pues fueron los cristianos de los siglos III y IV los primeros en fundar allí monasterios.

La costumbre continuó siglo tras siglo hasta, al menos la Edad Media. Por eso hoy se pueden visitar cenobios y templos policromados, en los que las pinturas se conservan bastante bien gracias a que apenas hay ventanas y la luz penetra poco, y con muebles de la época: son las iglesias de la Sandalia, de la Serpiente, Oscura y de la Manzana, nombres derivados de los motivos artísticos que las decoran.

Foto calflier001 en Wikimedia Commons

Todo un conjunto de montañas y colinas atravesadas por una laberíntica red de cuevas de las que la estampa más conocida quizá sean las llamadas Chimeneas de las hadas, unas enormes rocas cónicas que servían de torres de vigilancia o vivienda.

El Parque Nacional de Göreme es Patrimonio de la Humanidad desde 1985, por eso no suele faltar en los itinerarios de las agencias y touroperadores.