Kolarbyn Ecolodge, en comunión con la naturaleza sueca


Todo aquel que busque pasar unos días en comunión con la naturaleza, haciendo extensible la experiencia al propio alojamiento, difícilmente encontrará un hotel más apropiado que el STF Kolarbyn Ecolodge, de la cadena Svenska Turistföerningen, que lleva el concepto de turismo rural un paso más allá.

Para conocerlo hay que viajar a Suecia y luego desplazarse hasta Bergslagen, al norte de Svealand, junto al lago Mälaren. Es una región minera donde floreció esta actividad, junto a la industria metalúrgica, desde tiempos medievales, aunque actualmente ha reorientado su economía al turismo sostenible gracias a los hermosos bosques de abetos, tan extensos que en ellos viven multitud de especies salvajes; de hecho, se organizan excursiones guiadas -algunas nocturnas- para avistar alces, castores y lobos.

El caso es que uno llega en vuelo a Estocolmo y desde la capital tiene varias posibilidades para ir a ese encantador lugar. En coche son un par de horas; en tren hay que sacar billete a Köping para luego transbordar a un autobús público hasta Skinnskatteberg, donde le recoge el personal del Kolarbyn si se ha hecho la correspondiente reserva; si no, está a diez minutos.

Y ahora vamos con el hotel en sí, un nombre que no encaja del todo con lo que el huésped se va a encontrar: una docena de minúsculas chozas de madera, tan toscas por fuera que cualquier paseante las confundiría con simples cobertizos, máxime teniendo en cuenta que su forma es poco usual, de pirámide truncada, y están cubiertas de tierra y vegetación, como recién salidas de la Prehistoria.

La puerta de cada una de ellas carece de bisagras y para cerrar hay que encajarla en el marco. No hay electricidad -la iluminación es mediante velas o faroles tradicionales- y, por tanto, tampoco calefacción, aspecto este último que solventan por un lado las gruesas mantas de piel de oveja que tapizan el suelo y las dos literas, y por otro el hogar de una chimenea, que a su vez sirve de rudimentaria cocina. Porque huelga comentar que quien se aloja en Kolarbyn busca el retiro del mundanal ruido -la ciudad está a tres kilómetros- y se lleva sus propios víveres, que prepara en la cabaña o alguna de las barbacoas del lugar.

Por supuesto, todo esto implica tener que cortar o recoger leña para mantener vivas las llamas y calentar la sauna -no podía faltar una siendo Escandinavia-, así como asumir que los servicios son básicos pero de verdad. Valga como ejemplo el hecho de que el agua debe sacarla uno mismo de un pozo, así que nada de bañeras ni de duchas: a bañarse al lago ¿Quién dijo frío?

Más información: Svenska Turistföreningen