El rostro de Viracocha en Ollantaytambo

En Alicante ven el perfil de un moro en los roquedales que sostienen el Castillo de Santa Bárbara; en Candás (Asturias), los acantilados perfilan un rostro de Cristo… No es raro encontrar este tipo de imaginativas identificaciones por todo el mundo y Perú no había de ser una excepción. La localidad de Ollantaytambo puede presumir de estar vigilada por la atenta y severa mirada del mismísimo Viracocha.

Ollantaytambo es un antiguo poblado de tiempos incas, una fortaleza situada en el Valle Sagrado, a noventa kilómetros de Cuzco, construida por Pachacútec y utilizada más tarde por Manco Inca Yupanqui como refugio cuando decidió sublevarse contra los españoles, que le habían nombrado inca para restituir el linaje de Huáscar, su padre. Allí los derrotó, inundando la zona, aunque luego optó por retirarse y buscar otro lugar más seguro. Creyó encontrarlo en Vilcabamba pero ésa es otra historia.

Foto Xauxa en Wikimedia Commons

El sitio arqueológico tiene varias áreas. Primero está el pueblo actual, tomado por autobuses de visitantes y puestos de artesanía; luego el antiguo, formado por una quincena de manzanas y calles rectas; a continuación, la zona más espectacular, edificada sobre la ladera de una colina a base de sucesivas terrazas de piedra sobre las que descansa un monolítico e inconcluso templo dedicado al sol, todo ello protegido por ciclópeos muros de granito rojo.

Justo enfrente, adaptándose también a la orografía del cerro Pinkuylluna, hay más construcciones arquitectónicas correspondientes a graneros y, probablemente, mazmorras. Y precisamente allí, un caprichoso afloramiento rocoso natural, debidamente retocado por mano humana como en una curiosa operación de cirugía estético-ctónica, parece representar la ceñuda faz de Viracocha brotando del interior de la tierra.

Foto Xauxa en Wikimedia Commons

Viracocha era una divinidad de la mitología andina, si bien se cree que antes de la llegada de los conquistadores no era tan importante -salvo, quizá, en Cuzco- porque la primacía la tenía Inti, el Sol. Al parecer fueron los propios españoles los que propiciaron su culto para hacer entender mejor el concepto de dios creador cristiano. De hecho, la leyenda cuenta que fue Viracocha quien creó al Hombre y el mundo en una labor que guarda ciertas similitudes con el Génesis bíblico.

En fin, la presunta faz del dios mide nada menos que ciento cuarenta y nueve metros de alto y, sobre su cabeza, los incas abrieron una serie de ventanas para representar una corona, así que en teoría se puede subir por un camino hasta allí, aunque sospecho que no está permitido usarlo porque no estaba invadido por turistas.

Foto: Håkan Svensson (Xauxa) en Wikimedia