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Indrajatra, el festival más importante de Katmandú


Una ciudad a los pies de las montañas más altas de la Tierra, un tronco de árbol enhiesto en medio representando conceptos divinos, una diosa viviente paseada entre la multitud, una fuente de la que mana cerveza… Todos estos pintorescos elementos y otros muchos, a cual más peculiar, configuran la fiesta más importante de Nepal, la Yenya, también conocida como Indrajatra, que se suele celebrar en fecha variable debido a que se rige por el calendario lunar; este año 2013 será los días 16 y 23 de septiembre.

Los actos más destacados tienen lugar en la capital, Katmandú, aquel obligado lugar de peregrinaje para los hippies de los años sesenta hoy sustituidos por turistas en busca de los maravillosos templos y palacios del siglo XVII o de punto de partida para algún trekking por el Valle que excavó el río Vishnumati (con siete lugares catalogados como Patrimonio de la Humanidad), cuando no como base desde donde acometer la ascensión a algún ochomil de los que erizan el Himalaya.

La Yenya se celebra el duodécimo día de la luna creciente de Bhadra desde el año 1750, cuando el rey Gunakamadeva la instituyó para conmemorar la fundación de Katmandú en el siglo X. Son ocho días en los que budistas e hinduístas coinciden por un motivo religioso común, aunque la razón de fondo sea algo tan natural como el final de la temporada de monzones.

Según cuenta el mito, variable según la versión, la diosa Dagini envió a su hijo Indra, señor de las lluvias, a por frutos pero éste, que había bajado a la Tierra a recogerlos, fue confundido por un ladrón y encarcelado para deseperación de su elefante, que le buscaba por todas partes. Cuando al final le liberaron, aclarado el malentendido, los hombres decidieron adorar a la familia divina en señal de desagravio. Complacida, Dagini les concedió el descanso eterno a sus muertos, mientras que a los vivos les permitía cuidar sus cosechas.

Todos estos elementos se pueden reconocer en los actos festivos de septiembre, empezando por el Yosin Thanegu, la erección de un lingo, un tronco de seis metros de altura, en medio de la plaza Hanuman Dhoka. El árbol fue cortado con gran ceremonia cuatro días antes y el mástil resultante, símbolo del estandarte usado por Vishnú para combatir a los demonios de la sequía y la inundación, se decora profusamente, estructurándose en seis partes y terminando rematado por imágenes del sol, la luna y la bandera de Nepal.

Tampoco faltan a sus pies las tallas con la efigie de Indra, receptoras de dádivas y ofrendas por parte de la población. Y no olvidemos al voluntarioso elefante: multitud de paquidermos de trapo por todas partes y agutados por el viento sirven para representar los esfuerzos del animal en busca de su amo. El panorama se completa con el Upaku Wanegu, colocación de farolillos encendidos para iluminar los templos, y la inevitable cuota de música y baile como forma típica del teatro folklórico tradicional.

De noche, la gente se pone máscaras de aspecto demoníaco para metaforizar la encarnación furiosa de Shiva, llamada Bhairab, puesto que esos días el Indra Jatra se funde con otra fiesta paralela, el Pachali Bhairab Jatra, para formar una sola. Una de las máscaras preside la plaza principal representando al Nepal y cubre una fuente de la que sale cerveza, beberla supone una bendición, bromas aparte, algo que se incrementa si con el sorbo se traga alguno de los peces que se echan a nadar dentro de la pileta.

El momento álgido llega con la procesión religiosa del Kumari Jatra, un carro decorado con oro y flores tirado por hombres para transportar a la Kumari, la diosa viviente. Está encarnada por una niña de no más de cuatro años que hasta entonces habrá llevado una plácida existencia y que tiempo después, al experimentar su primera menstruación, tendrá que ser sustituida por otra pura.

Es seleccionada entre otras muchas de la casta newar por una serie de características: en primer lugar ha de ser virgen (cosa no difícil a esa edad, digo yo), pero también ha de tener carácter para no llorar cuando vea las horribles máscaras y las cabezas de animales decapitados en sacrificio, que abundan en el evento, y aconsejar con sabiduría a todos aquellos que le consulten algún problema. Por último, habrá de reunir treinta y dos virtudes místicas y su carta astral debe coincidir con la del rey de Nepal.

La Kumari aparece maquillada como un colibrí y ricamente ataviada, acompañada de otros dos carros más en los que van unos sirvientes interpretando a los dioses Bhairab (la mencionada encarnación de Shiva) y Ganesha (el bonachón dios con cabeza de elefante). La muchedumbre asistente lanza flores y monedas a su paso, y ante el palacio real las tropas les rinden honores en formación. En la comitiva también hay bailarines danzando al son de la música con sus trajes tradicionales. La procesión sale tres días (Kwaneya, Thaneya y Nanichaya) y, desde 2012, en el último el carro es tirado exclusivamente por mujeres.

Foto: Manjari Sreshtha en Wikimedia