Visitando el Museo Egipcio de El Cairo

Visitando Museo Egipcio El Cairo

Aunque parece que por ahora la situación quizá no sea propicia para viajar a Egipto, hay que confiar en que algún día se calmarán las cosas. No sólo para bien de los curiosos sino por la cuenta que les tiene a los propios egipcios, cuya economía depende muchísimo del turismo. Así pues, pensando en tiempos mejores, permítanme que les hable de uno de lo lugares que estos días hemos visto en los telediarios como telón de fondo de la turbulenta plaza Midan et Tahrir: el Museo Egipcio de El Cairo.

Si hay una visita obligada en la capital del país africano, pirámides de Gizah aparte, es éste. Baste decir que su colección suma más de 136.000 piezas del Antiguo Egipto, muchas de ellas de primera magnitud. Y ojo, que hay otras 150.000 en los almacenes, dada que el edificio se ha quedado tan pequeño como obsoleto y de ahí los planes para construir una nueva y moderna sede que no sé exactamente en qué habrán quedado, dada la coyuntura política.

La verdad es que el museo es demasiado antiguo porque fue inaugurado en 1902 a partir del que fundara en 1858 el célebre Auguste Mariette, director del Servicio de Antigüedades cuya tumba está en los jardines, justo bajo su estatua de bronce. El problema es que a lo largo del siglo XX siguieron apareciendo objetos y más objetos -al fin y al cabo la civilización faraónica duró miles de años)- y se fue llenando progresivamente. De hecho, y esto es una opinión personal, la visita tiene el encanto de lo caótico, con todo tipo de cosas amontonadas, abarrotando hasta el último rincón en una especie de divertido horror vacui y con ajadas cartelas cutres escritas a mano.

De ese totum revolutum se libran dos zonas que ocupan el primer piso. Una es la dedicada al deslumbrante tesoro de Tutankhamón, que se exhibe en una moderna estancia en penumbra. Nada menos que dos millares de piezas que incluyen sus sarcófagos, el ajuar funerario, los vasos canopes, el carro de combate, el trono y la fabulosa máscara mortuoria. Aquí el caos lo ponen las desmesuradas masas de visitantes, que contrastan con la otra zona diferente. Me refiero a la sala de las momias, que como hay que pagarla aparte -está climatizada- se halla medio vacía; una suerte para el que entre pero una pena para los demás, porque se pierden los cuerpos -algunos muy bien conservados. de faraones como Tutmosis II, Seti I y Ramsés II, entre otros.

Por lo demás, en la planta baja se podrán contemplar maravillas como la famosa Paleta del rey Narmer, la estatua de diorita verde de Kefrén, el célebre Sheik el Beled (Ka Aper, el Alcalde del pueblo), las estatuas sedentes de los príncipes Rahotep y Nofret, el Escriba sentado, las Ocas de Meidum, las figuras de Akhenatón y su esposa Nefertiti, o la estela de Merenphta.

Foto: Bs0u10e10 en Wikimedia