Malta, paraíso para submarinistas

Malta paraíso submarinistas

Ya se sabe que se puede tener todo, pero la clave está en maximizar las virtudes y minimizar los defectos. En Malta parecen haber asumido esto al pie de la letra y si sus playas no nada del otro mundo (pequeñas y de piedras casi todas), en cambio han apostado por basar el turismo en su rica y turbulenta historia, en las estancias para aprender inglés y en la oferta para submarinistas.

Curiosamente, esos tres aspectos están relacionados. Como sabrán, el archipiélago maltés, que era la sede de la orden de caballería homónima, cayó en manos de Napoleón por un breve tiempo antes de que la flota de Nelson lograra echarlos. Y desde entonces ese pedazo de tierra en medio del Mediterráneo quedó bajo la influencia británica, que la convirtió en una fortaleza.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la Luftwaffe alemana la sometió a intensos bombardeos durante dos años porque los aviones de la RAF, a su vez, dificultaban el aprovisionamiento por mar del Afrika Korps. Malta resistió pero fruto de aquellos combates fue el derribo de un millar de aparatos, que ahora descansan en los fondos marinos de los alrededores de las islas. Y junto a ellos cayeron también algunos barcos.

Esta concentración de pecios es un filón para los aficionados al submarinismo y las autoridades turísticas locales lo saben, de ahí que la hayan incrementado constantemente con hundimientos intencionados que incrementan el abanico de posibilidades, dado que la mayoría de los históricos están a demasiada profundidad para ser visitados. Por supuesto, para hundir una nave se exige una serie de condiciones con vistas a proteger el medio ambiente, tales como sacar previamente todo componente contaminante o hacerlo fuera de los lugares que gozan de protección como las reservas marinas y servir de punto de fijación para que crezcan los corales con toda la flora y fauna que implican alrededor.

Un buceador que llegue a Malta podrá elegir entre un centenar de sitios donde practicar su afición favorita, con la ventaja de que suele haber buena visibilidad hasta 30 metros. Los más destacados en la isla principal son Punta Delimara (Marsaxlokk) y Punta Marfa (Cirkewwa); en las inmediaciones de la primera se encuentra el bombardero Bristol Blenheim, mientras que en la segunda se puede bucear por el remolcador Rozi o la patrullera P29.

Sin salir de la isla, en St. Paul está otro avión, un Beaufighter, derribado en 1943, así como el navío Imperial Eagle, hundido en 1999 y famoso por una estatua de Cristo que se colocó al lado. Uno de los pecios más populares es el del Um el Faroud, petrolero hundido en 1979 en Wied el Zurrieq, al sureste insular. Y en la propia Valletta, apenas a un centenar de metros de tierra, yace el HMS Maori, buque naufragado en 1942.

En Gozo merecen la pena Fungus Rock (Dwejra) y Punta San Dimitri; cerca de Dwejra están Fungus Rock y la Roca del Cocodrilo, llamada así por su forma de reptil. Por último, en Comino cabe destacar las cuevas de Santa Marija (en la foto), atravesadas por túneles submarinos, y el dragaminas P31.

Todos están a profundidades inferiores a 45 metros y son de fácil accesibilidad, sin dificultades técnicas.

Foto: Michael Aston en Flickr