Ya he dicho en alguna ocasión que muchos cementerios, aparte de su función principal, se han convertido en lugares de atracción turística. No es algo que pase sólo en Europa, donde a bote pronto se me ocurren montones de ejemplos como los tres camposantos de París, el cementerio londinense de Highgate, el Keramikós ateniense o el Acatólico romano, ni en América, donde el caso más conocido quizá sea el Arlington de Washington, con permiso de La Recoleta bonaerense. Resulta que un sitio tan exótico como Japón también se ha unido al grupo.

En concreto me refiero al Cementerio de Yanaka, originalmente llamado Yanaka Bochi, que está en Tokio y tiene nada menos que unos cien mil metros cuadrados, un sitio tan extenso que incluye una koba (comisaría de policía) y un parque infantil. Es una de las necrópolis más antiguas de la capital, como demuestra el hecho de tener una zona exclusivamente reservada por el clan Tokugawa, donde descansan en paz los restos de esa estirpe de shogún. Lamentablemente, esa parte está cerrada al público.

Sin embargo hay tumbas de bastantes personajes famosos, entendiendo por tales celebridades locales procedentes de la cultura nipona: políticos, escritores, actores, artistas del kabuki… Los más conocidos son Tokugawa Yoshinobu (el último shogún, fallecido en 1913), Miyagi Michio (compositor), Makino Tomitaro (botánico), Yokoyama Taikan (artista) y una asesina en serie del siglo XIX llamada Takahashi Oden. A la entrada dan un plano que indica dónde está cada uno, necesario porque en total hay unos siete mil sepulcros, algunos de los cuales corresponden a enterramientos de cadáveres de vagabundos usados por la Facultad de Medicina.

En el área central se encuentran los restos calcinados de una antigua pagoda de cinco plantas que tiene una curiosa historia: como era el símbolo del lugar, el más iconográfico por haber sido construido en 1908 siguiendo la descripción de una novela del escritor Koda Rohan, fue el elegido por una pareja de amantes que se suicidaron prendiéndole fuego. Los hechos ocurrieron en 1957 y desde entonces el sitio está protegido como bien de interés histórico.

El cementerio de Yanaka fue creado tras la Revolución Meji, que estableció la obligatoriedad de separar, pese a sus similitudes, el budismo y el sintoísmo. Esta última religión, aunque similar a la anterior, necesitó entonces su propio camposanto y para ello fue consfiscado parte del templo Tennō-ji en 1872. De hecho su vía de acceso atraviesa hoy el recinto de Yanaka, entre senderos de cerezos, típicos faroles y lápidas cubiertas de musgo.

Está en el barrio de Yanaka, en la Shitamachi o Ciudad Baja, uno de los pocos que no resultaron dañados ni por el tremendo terremoto de 1923 ni por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Se llega con facilidad, en un par de minutos, desde la parada Nippori (salida sur) de la línea Yamanote de JR. La entrada es gratuita y la compañía de montones de gatos también.


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