Descubren en Grecia la posible tumba de Alejandro


Grecia está en plena efervescencia y esta vez no es por su crisis económica sino por un motivo mucho más digno: una expedición arqueológica acaba de descubrir un enorme enterramiento en Anfípolis, ciudad situada a 595 kilómetros al norte de Atenas, y a tenor de sus dimensiones (500 metros de longitud por 3 de altura) y rico aspecto (está recubierta de mármol) creen que debió pertenecer a algun personaje importante de la Antigüedad, probablemente perteneciente a la aristocracia.

Y como no hay ninguno tan famoso, noble y recurrente como Alejandro Magno, la imaginación popular se ha desatado hasta el punto de que el propio ministro de Cultura heleno ha tenido que salir al paso para pedir calma y prudencia, ya que ni siquiera se ha empezado a excavar el interior del sepulcro y, por tanto, todo es pura especulación.

Pero cuando se dispara un rumor… El caso es que la propia Aikaterini Peristeri, arqueóloga local que forma parte del equipo de descubridores, opina que el gigantesco túmulo debe albergar la última morada de alguien destacado del siglo IV a.C. Y resulta que Alejandro vivió en ese siglo y nadie ha encontrado jamás su tumba, a pesar de que se la ha buscado en múltiples rincones, desde Egipto hasta Afganistán.

Alejandro, hijo de los reyes de Macedonia Filipo II y Olimpia, pasó su infancia desplazado de la capital Pella, donde nació en el año 356 a.C., debido a la postergación de su madre por parte del monarca. Después, a la muerte de éste y tras una cuidada educación a cargo del mismísimo Aristóteles, accedió al trono y continuó la labor que había empezado: el sometimiento a Macedonia de toda Grecia. Una vez conseguido llegó el momento del siguiente, el ajuste de cuentas con el Imperio Persa, que tantas veces había intentado conquistar el territorio griego.

El joven rey derrotó al soberano Darío una y otra vez en una serie de batallas que ya forman parte de la historia del genio militar como Gránico, Issos y Gaugamela, que se suman a las otras que le permitieron expandirse por el resto de Asia Menor y la franja sirio-palestina hasta llegar a Egipto, para luego seguir hacia el este, hacia el confín del mundo, hasta llegar a la India. Por el camino fundó una veintena de ciudades y formó el imperio más grande la Antigüedad.

Pero ese imperio terminó disgrgándose porque, ante la falta de un heredero, sus generales se lo repartieron en el año 323 A.C. después de que unas fiebres (seguramente malaria) acabaran con su líder, según Plutarco, a la edad de 32 años, cuando preparaba la invasión de Arabia.

Según cuentan las crónicas, a Alejandro se le construyó un sarcófago de oro sellado con miel que, sobre un espectacular catafalco con ruedas, debía ser trasladado a Aigai, en Macedonia. Pero el general Ptolomeo, al que le había tocado Egipto en el reparto, se las arregló para desviar la comitiva a Alejandría para que el entierro fuera allí, dada la estrecha relación que el héroe macedonio había establecido con el país del Nilo.

Y la pista se perdió. Si se confirmara que el hallazgo actual es realmente su tumba sería una de las grandes noticias arqueológicas de la Historia.