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Conchas arquitectónicas para los cangrejos ermitaños


Generalmente, uno de los factores que distinguen a un artista de un artesano es la imaginación. El primero crea obras únicas e irrepetibles mientras que el segundo hace las cosas más en serie. Vale, es una generalización pero lo de la capacidad imaginativa es rigurosamente cierto, y más en estos tiempos en que parece que está todo inventado y que los artistas han de destacar por proponer cosas insólitas.

Y difícilmente verán algo tan inaudito como esto. Aki Inomata es una joven japonesa, nacida en Tokio en 1983, que estudió Arte en la universidad de la capital nipona y ya ha realizado exposiciones, tanto en grupo como en solitario. Una de estas últimas fue en 2009 bajo el título Why Not Hand Over a «Shelter» to Hermit Crabs? (algo así como ¿Por qué no echar una mano a los cangrejos ermitaños con sus refugios?).

La idea, originada a partir de la demolición y el traslado de la sede de la embajada francesa en Tokio, se basa en ayudar a los cangrejos ermitaños a buscar las conchas que convierten en sus hogares y cargan sobre sí a todas partes. Este tipo de crustáceos aprovecha cualquier cosa que le parezca adecuada para ello, sea natural o no (le valen las conchas de otros animales pero también latas y botellas, por ejemplo), y cambia varias veces a lo largo de su vida.

Así que Aki decidió facilitarles el asunto de encontrar alojamiento (tendría que extender su habilidad a la población española) creando varios modelos. Para ello escaneó primero el interior de varias de esas conchas abandonadas para saber cómo son por dentro, qué podría atraer sus futuros huéspedes. Luego trató los ficheros resultantes con un software de modelado 3D, combinándolos con formas arquitectónicas previamente seleccionadas como el skyline de Nueva York, los típicos bloques de apartamentos de París o los rascacielos de Tokio (también con otros temas, como casinos o corolas de flores).

Entonces imprimió en tres dimensiones los diseños con una de esas impresoras tan de moda, usando como material plástico transparente para conferir a las piezas el aspecto de joyas pero también para permitir que se vea el animal a través de ellas cuando esté cobijado dentro.

A continuación fue colocando los diferentes modelos frente al cangrejo de turno para que él mismo escogiera el que más ls gustara y lo convirtiera en su nuevo hogar. El resultado es una novedosa colección de fotos y un vídeo que no imaginan qué lugar tan apropiado tuvo como punto de presentación: la Embajada de Francia en Tokio.

Vía: treehugger

Más información: Aki Inomata