España no es una tierra que se pueda calificar de volcánica, al menos en el sentido estrictamente geomorfológico. Es cierto que la montaña más alta del país es precisamente un volcán, el Teide, que está en Canarias, un archipiélago cuyo origen sí guarda estrecha relación el tema, y que allí se registra cierta actividad aunque no tan vistosa como en otros sitios del sur de Italia, Sudamérica o Polinesia. Pero no la Península Ibérica. Y sin embargo quizá se sorprendan de saber que sí quedan algunas zonas que en otros tiempos fueron escenarios de vulcanismo: las más importantes están en Olot (Gerona), Cabo de Gata (Almería) y el Campo de Calatrava (Ciudad Real).

Vamos a hablar de esta última. Se trata de una comarca de La Mancha Baja castellana erizada con una serie de cerros, escarpadas elevaciones y lagunas que nacieron precisamente de la actividad de volcanes aproximadamente entre 1,75 y 8,7 millones de años atrás, durante el Plioceno el Cuaternario. En términos geológicos equivale a una era reciente, por eso el paisaje se conserva bastante bien. Son 5.000 kilómetros cuadrados en los que se localizan unos 240 edificios volcánicos diferentes, sobre todo en Ciudad Real, Almagro, Daimiel y Bolaños.

Volcán de La Mesnera / foto GsusLopez en Wikimedia Commons

Los mecanismos eruptivos responsables de estas morfologías han sido fundamentalmente de dos tipos: estromboliano e hidromagmático, con algunas coladas de lava de cierto volumen emitidas por los volcanes estrombolianos. El primer tipo de vulcanismo da lugar a conos pequeños cuyos restos son los cerros redondeados por la erosión que se ven hoy, con un diámetro que oscila entre 100 metros y 2 kilómetros y alturas entre 20 y 120 metros. De ellos se ven partir las coladas de lava, que pueden alcanzar hasta 7 kilómetros, como en La Yezosa (Almagro) y Cerro Gordo (Valenzuela de Calatrava).

En cuanto al vulcanismo hidromagmático, el más abundante, ha originado los llamados maares, formaciones de anillos de piroclastos en torno a una depresión, generalmente ocupada por una laguna. De media tienen diámetros entre 1 y 1,5 kilómetros y puede que el mejor ejemplo sea la Hoya del Mortero, en Poblete.

Volcán La Atalaya / foto Mián Prici en Wikimedia Commons

Todo esto se puede visitar en alguno de los circuitos en 4 x 4 que se organizan por la región, aunque nadie debe esperar toparse con un cono grande tipo Etna. Ya digo que son pequeñas colinas y montículos cubiertos de hierba e incluso casas (tiene su gracia eso de vivir encima de un volcán) que pasarán desapercibidos para el que no esté prevenido. Y eso que, al parecer, los últimos estudios apuntan a que hubo erupciones hasta hace muy poco, unos 5.000 años, y emisiones de gases incluso posteriores.


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