El impresionante conjunto de templos y mausoleos de Nikko en Japón

Foto Dominio público en Wikimedia Commons

Es probable que si les digo que vamos a hablar de Nikko se queden igual que estaban. Como mucho, alguno pensará en cámaras de fotos y, paradójicamente, no andará del todo descaminado porque, al fin y al cabo, es una marca japonesa, y el tema del post es una ciudad de ese país de nombre muy similar a la que hay que acudir bien preparado para volver con un buen montón de fotografías.

Nikko está en la prefectura de Togichi, en la región de Kanto, no lejos de Tokio. Un lugar que forma parte del Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1999 gracias a sus balnearios y templos, que se agrupan en la zona conocida como Sannai constituyendo un importante destino turístico.

Aunque la Nikko actual es fruto de una conurbación, es decir, la unión de varias ciudades vecinas, la tradición cuenta que nació a partir del templo Shinhonryu-Ji (después rebautizado Rinno-Ji) fundado por un monje budista llamado Shodo Shonin en el año 782.

La leyenda está adornada con mandatos divinos, una ascensión reveladora al monte Nantai, el paso de un río sobre el lomo de dos serpientes transformadas en puente y otros elementos mitológicos.

Templos mausoleos Nikko

El caso es que el templo pasó a ser un santuario muy visitado hasta el punto de que, en el año 1616, el shogun Tokugawa Ieyasu lo eligió para su mausoleo, aunque sería su nieto quien lo construyera.

Recibe el nombre de Toshughu, una faraónica obra de estilo Gongen-zukuri formada por la espigada pagoda Gojumoto, un tori, una biblioteca de sutras, la bella puerta Yomeimon, el establo sagrado (donde se halla el relieve de los tres monos sabios), la torre funeraria Hoto y un precioso jardín de 13.000 cedros.

Foto Dominio público en Wikimedia Commons

El nieto del shogun tuvo tiempo también para hacer su propio mausoleo, el Taiyuin-byo. Destaca por una serie de puertas: Niomon (iluminada por más de cincuenta linternas de piedra donadas por los señores feudales), Niteimon (decorada con estatuas de dioses), Yashamon, Karamon y Kokamon; esta última, que da al sepulcro con las cenizas es de estilo Ming y es conocida igualmente como Ryuugumon.

Pero hay más cosas en Nikko. Por ejemplo, el puente Shinkyo sobre el río Daiya que la leyenda origina en las mencionadas serpientes. Con un intenso color rojo, mide 28 metros y no es el original, destruido por una inundación en 1902, sino una reconstrucción hecha 5 años más tarde.

Forma parte del santuario Futarasan Jinja, fundado por el monje en el 782 y compuesto por varios templos, algunos de la época Tōshōgū y otros posteriores. Y el otro gran santuario local es el Rinno-Ji, formado por una quincena de templos situados cronológicamente entre los siglos VIII y XVIII.

Foto Dominio público en Wikimedia Commons

Un conjunto monumental tan extenso que la visita puede requerir un día completo o incluso más, si se incluye en la visita el Oku Nikko, un Parque Nacional de 1.400 metros cuadrados en el que disfrutar del citado monte Nantai (2.486 metros, con teleférico), el lago Chuzenji y las cataratas de Kego.

Más información: Nikko Tourist Association
Foto: FG2 en Wikimedia