¿Ven esas imágenes de los conciertos de rock con miles de manos de los espectadores en alto? Valdrían también las de los aficionado al fútbol celebrando un gol. Pues no me negarán cierto parecido con la foto. Sólo que ésta corresponde a manos que se movieron hace casi diez milenios.

No hace falta tener mucha imaginación para deducir el nombre que le pusieron al lugar: la Cueva de las Manos. Está en la provincia de Santa Cruz, Argentina, en un entorno atravesado por el río Pinturas, que también tiene un nombre muy apropiado, y que forma un importante conjunto arqueológico junto con Cueva Chica, el Alero Charcamata y la Cueva Grande.

Entre todas suman cerca de 800 representaciones de manos, la mayoría izquierdas.

Entrada de la cueva / foto Marianoc en Wikimedia Commons

Se trata de una gruta que, aunque ya era conocida desde el siglo XIX (la descubrió el explorador Francisco Pascasio Moreno en 1876, que también ha dado nombre al glaciar Perito Moreno), no empezó a excavarse hasta bien pasada la mitad el XX.

Su ubicación casi parece tópica, una entrada en la roca de un gigantesco farallón en plena estepa, no lejos del famoso glaciar, pero es que en toda la región -antaño cercana al mar- han aparecido numerosos restos prehistóricos, no sólo cavernas y pinturas sino también fósiles.

La Cueva de las Manos mide 24 metros de profundidad por unos 15 de anchura y una decena hasta las bóvedas. Su ocupación responde a tres períodos que van desde el año 7370 a.C. al 1000 de nuestra era, aproximadamente, cronología que retrotrae el poblamiento americano a una época anterior a la que se pensaba, la llamada Pre-Clovis, que se extiende hasta 13.000 años a.C.

Los cazadores y recolectores que habitaron esa zona de la Patagonia, y cuyos descendientes fueron los tehuelches, pintaron esas agrupaciones de manos siguiendo la técnica de la impresión, colocándolas sobre la piedra y soplando pintura sobre ellas a través de un tubo -un hueso, por ejemplo- para formar un negativo.

Foto Forlerer en Wikimedia Commons

No obstante, también hay imágenes de fauna local (guanacos y choiques, la base de su alimentación), así como signos geométricos (espirales, sobre todo, pero también círculos, óvalos, estrellas…) e incluso figuras antropomorfas muy simples. Cuanto más recientes, mayor abstracción presentan.

Los colores dependían de la materia prima que utilizara el artista, que la conseguía de su entorno natural. Así, el rojo procedía de la hematita pulverizada, el negro del carbón, el blanco de la caliza, etc. Como aglutinante solía usarse sangre o grasa animal.

La Cueva de las Manos forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 1999, aunque su estado de conservación preocupa a las autoridades. El exceso de turistas está alterando las condiciones interiores de humedad y temperatura necesarias para asegurar que las pinturas no se deterioren, sin contar con el problema que suponen las inscripciones actuales o las roturas de estalactitas.


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