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Películas que cambian según el ánimo del espectador


No sé si recuerdan unos libros para jóvenes que se editaron hace unos años bajo la idea de que el propio lector iba decidiendo cómo continuaba la trama: cada capítulo, a veces cada párrafo, terminaba con la disyuntiva de ir a tal o cual página según se prefiriera lo que pasara a continuación, de manera que a los personajes podían pasarles cosas diferentes e incluso había varios posibles finales distintos. Pues bien, quizá pronto tengamos algo así en el cine.

De hecho, ya existe, en cierta forma. Las productoras norteamericanas suelen hacer pases previos con audiencias seleccionadas a las que al terminar exigen rellenar unos fichas para saber qué les parece la película, si están satisfechos con el final y si creen que hay que cambiar algo. Según lo que digan estos espectadores, el filme se estrenará tal cual o se alterará alguna escena. Este sistema de control se extiende a todos los aspectos de la obra: por ejemplo, hace unos años la película de James Bond Licence revoked tuvo que retitularse Licence to kill porque en EEUU mucha gente no sabía el significado del verbo revoke (en español «revocar»).

Pero el caso es que ahora se está ensayando la posibilidad de cambiar las películas directamente durante la proyección, según dicte el estado de ánimo de quienes la ven. ¿Que una escena está resultando demasiado aburrida? Pues se cambia a otra más animada rodada ad hoc; así, de forma instantánea y sin necesidad de esperar, simplemente porque lo dicta el subconsciente de la audiencia.

Se trata de un experimento desarrollado por la Universidad de Playmouth, en Inglaterra, que reunió a unos cuantos voluntarios a quienes conectó diversos sensores para registrar varias constantes fisiológicas, desde el ritmo cardíaco a la transpiración pasando por la actividad cerebral y cambios musculares. Un ordenador calibró previamente sus estados físicos para determinar cuáles eran los parámetros normales y luego se pasó a ponerles una película. Era un filme especial, hecho también por estudiantes, en el que los personajes morirían al final o sobrevivirían según dictaminara la audiencia.

El programa Max Msp iba analizando los registros de los sensores y según lo que sintieran los espectadores, activaba una u otra escena. El resultado fue un tanto agridulce, pues de los cuatro posibles finales el preferido fue precisamente el más aburrido, algo que los responsables del experimento atribuyen a la tensión de estar toda la proyección conectado a cables.

Por tanto, esto sería una pega para extenderlo a la industria normal del cine a menos que se invente alguna forma de registrar las emociones del espectador sin necesidad de que se sienta incómodo, convertido en una especie de conejillo de Indias. Sin embargo, Hollywood ya se ha interesado por el tema así que le ha visto potencial al asunto. Será el cine comercial llevado al extremo absoluto.

Vía: BBC