Una visita a Atapuerca

Visita Atapuerca

Hace poco, tras mucho tiempo pleneándolo sin encontrar el momento, al fin tuve ocasión de conocer Atapuerca, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Les sonará aunque no sean especialmente aficionados al tema: es seguramente el conjunto de yacimientos prehistóricos más importante del mundo por cantidad y calidad. Está a 19 kilómetros de Burgos y da para un fin de semana entero y más porque hay varios sitios diferentes para visitar.

Regido por la fundación homónima sin ánimo de lucro e impulsada por los tres codirectores del proyecto, los arqueólogos Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell para difundir el lugar y conseguir respaldo económico con que financiar las excavaciones, ya digo que un turista puede pasarse varios días sumergiéndose en un viaje al Paleolítico.

Ese viaje puede empezar por el Parque Arqueológico situado tras el Centro de Recepción de Visitantes, que es el lugar donde se comprueban las entradas y el punto de salida de los autobuses que llevan a los yacimientos. El parque es un centro de interpretación de la Prehistoria, un lugar con reconstrucciones de cabañas y túmulos, donde se hacen demostraciones prácticas sobre cómo se tallaba el utillaje lítico o se pintaban las paredes de las cuevas, la fabricación de azagayas y la forma de lanzarlas con un propulsor, y la técnica de encender fuego.

Todo ello con participación de los asistentes, que podrán descubrir su habilidad haciendo bifaces, cazando (sobre una diana, claro) o intentando hacer una hoguera frotando maderas o golpeando pirita y yesca. Iba a decir que si son niños lo pasarán aún mejor pero mentiría; lanzar una azagaya contra un montón de paja seca a una treintena de metros de distancia y acertar fue una experiencia atávica que hizo entrar en ebullición mis genes neandertales (el pelo rojizo me delata).

Otro rincón interesante es la sede de la Fundación Atapuerca, en Ibeas de Jarros, que también hace las veces de un segundo centro de recepción de visitantes para los que van a conocer esa zona a 15 kilómetros de Burgos. Dentro del edificio hay un gigantesco diorama de la sierra mostrando la trinchera ferroviaria abierta en el siglo XIX que permitió el descubrimiento del yacimiento.

Desde ahí o desde el centro anterior se sale hacia los dos yacimientos visitables: la Sima del Elefante y Gran Dolina. Son verticales, puesto que están en una de las paredes de la mencionada trinchera, y se excavan -en verano- tanto hacia abajo como hacia dentro. La visita general, con guía, se hace por el camino principal por donde antaño discurría la vía férrea; quien desee subir a los andamios para ver los yacimientos de cerca debe reservar una visita especial ad hoc.

En ese sentido hay dos posibilidades: conocer la Sima del Elefante más detalladamente o un tour en 4 x 4 por otros yacimientos que no se incluyen en el itinerario general. Lamentablemente, uno de ellos no es la Sima de los Huesos, cerrada al público. En cualquier caso todas las entradas se sacan por teléfono o vía Internet en la web oficial y son para un día y hora concretos.

Por último, nadie puede irse de Burgos sin entrar al Museo de la Evolución Humana, ubicado en el centro urbano en un moderno edificio diseñado por Navarro Baldeweg. Es un recorrido por nuestro pasado evolutivo en el que se podrán ver las piezas y fósiles hallados en Atapuerca, desde el famoso cráneo de Miguelón, un Homo antecessor, a restos de huesos animales e instrumentos de piedra, como el llamado Excalibur. Además suele organizar talleres y actividades paralelas muy interesantes.

Una última sugerencia: del 10 al 22 de mayo el restaurante Fábula, en el número 19 de la calle de la Merced, ofrece un menú degustación denominado 500.000 años que pretende ser una actualización de la dieta que nuestros ancestros tenían en la Sima de los Huesos. Sin carne humana, se supone.

Más información: Fundación Atapuerca
Foto: Mario Modesto en Wikimedia