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Nuevas baterías que se cargarán en menos de un segundo


Últimamente parece que muchas universidades y equipos de investigación se han puesto de acuerdo en publicar a la vez sus estudios sobre nuevos tipos de baterías. En esta ocasión, los investigadores de la Universidad de Illinois no han descubierto un nuevo material milagro, sino que han encontrado una manera de mejorar las baterías clásicas, haciéndolas más pequeñas y mucho más rápidas de cargar.

Mientras la tecnología de cualquier dispositivo electrónico ha ido mejorando a pasos agigantados, la innovación en el campo de las baterías se ha quedado atrás. Os hemos hablado de posibles revoluciones que pueden llegar en un futuro, pero mientras esperamos, puede que el invento del grupo liderado William P. King sea una solución.

Las baterías normales están formadas por dos electrodos, el ánodo (lado negativo) y el cátodo (lado positivo), sumergidos en un electrolito. Los electrodos reaccionan con el electrolito, y en el ánodo se empiezan a producir electrones como resultado de un proceso de oxidación, mientras que en el cátodo se produce un defecto de electrones. Cuando la batería es conectada, los electrones fluyen, tan rápido como pueden, desde el terminal negativo hacia el terminal positivo produciendo una corriente eléctrica.

Los investigadores de la Universidad de Illinois utilizan esta misma técnica, pero con un uso más eficiente del espacio, ya que han encontrado una nueva forma de integrar el ánodo y el cátodo a nivel microscópico. Este nuevo diseño permite que los electrones se desplacen una distancia menor, por lo que la recarga es 1000 veces más rápida. Y según sus inventores las mejoras de potencia podrían ser tan grandes, que una batería del tamaño de un móvil podría tener la capacidad suficiente para poner en marcha un coche.

Los detalles de la nueva estructura han sido publicados en la revista Nature. Para crearla, King y sus colegas utilizaron un entramado de pequeñas esferas de poliestireno, que son recubierta con metal. Posteriormente las esferas son disueltas, dejando una malla de tres dimensiones y en los huecos se introducen alternativamente el ánado y el cátodo. De esta forma existen una especie de puentes entre ánodo y cátodo, haciendo que el paso de electrones sea más rápido, lo que le da sus increíbles características.

El principal uso de este tipo de batería sería los dispositivos electrónicos, pero los investigadores quieren ampliar su uso a dispositivos médicos, láseres o vehículos eléctricos. Pero por desgracia, esta técnica tiene sus inconvenientes. Y es que como os hemos dicho, en las baterías, además de los electrodos necesitamos un electrolito, y en esta microsestructura el electrolito utilizado es un líquido combustible. Aunque en estas primeras baterías la cantidad es microscópica, el riesgo de explosión es insignificante, pero si quieren crear baterías mayores, entonces el peligro se incrementa.

De todas maneras, parecen que ya están teniendo en cuenta los peligros y están estudiando el cambiar de electrolito, y utilizar uno mucho más seguro.

Vía: DailyMail