«Tutankhamón. Historia de un descubrimiento» en el Museo Egipcio de Barcelona

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La civilización del Antiguo Egipto tiene algo que trasciende el mero interés histórico o artístico. Fascina y subyuga incluso a los neófitos, razón por la cual el país del Nilo es un destino turístico de primera (al menos cuando está tranquilo políticamente) y determinados temas vuelven una y otra vez. Uno de ellos es el de Tutankhamón, el faraón adolescente cuya tumba, llena de fantásticos tesoros, fue descubierta en 1922; es decir, el año pasado se cumplieron noventa años del hallazgo.

Una efeméride que no podía dejar pasar el Museo Egipcio de Barcelona, que en noviembre inauguró una exposición sobre el asunto: Tutankhamón. Historia de un descubrimiento. Aún permanecerá abierta un par de meses, hasta el 31 de mayo, así que los aficionados a la arqueología ya saben dónde tienen una cita.

¿Qué podran ver? Una auténtica aventura científica y didáctica a través de espacios dedicados a sus protagonistas, a los métodos de trabajo seguidos o al impacto mediático generado por el descubrimiento; todo ello sin dejar de lado temas que han suscitado intensos debates como el origen del propio rey, las causas de su muerte o la existencia de la famosa maldición.

Para el que no sepa la historia, Howard Carter era un joven arqueólogo inglés a quien lord Carnavon financiaba unas excavaciones en el Valle de los Reyes. Faltando poco para expirar el plazo concedido y no habiendo hecho aún ningún hallazgo notable, Carter dio casualmente con un hipogeo que parecía intacto, no violado por los saqueadores de tumbas. Pertenecía a un oscuro faraón, del que apenas se sabía nada, llamado Tutankhamón. Un personaje que apenas había sido más que una efímera bisagra entre el reinado del hereje Akenatón y la nueva dinastía implantada por Seti.

Carter no entró por la puerta principal sino que abrió un pasadizo lateral y, a través de un agujero, se asomó iluminándose con un farol. «¿Ve algo?» le preguntó lord Carnavon, que había acudido presurosamente a Egipto ante la emocionada llamada de su patrocinado. «Sí, cosas maravillosas» contestó éste. Y es que ante él se hallaba la cámara del tesoro, llena a rebosar con el fantástico ajuar funerario del faraón.

De aquella tumba se sacaron, muebles, vasos canopos, estatuas, figurillas, un trono, el carro de guerra y, sobre todo los ataúdes que acogían la momia de Tutankhamón, unos dentro de otros como muñecas rusas, forrados de oro y con la bella máscara mortuoria como pieza estrella. Y eso que Tutankhamón fue un rey menor; la idea de cómo sería originalmente la tumba de uno poderoso como Kéops, Tutmosis III o Ramsés II, por ejemplo, supera cualquier expectativa.

Todas esas cosas se exhiben en el Museo de El Cairo y no salen jamás de allí, por eso la institución barcelonesa se ha visto obligada a exponer piezas de su propia colección seleccionadas por el comisario Luis Gonzálvez. Son un total de sesenta -el 30% inéditas- que se completan con algunas reproducciones del sarcófago de madera y las pinturas que decoraban las paredes, así como una maqueta del hipogeo. También la fotografías con las que Harry Burton documentó las excavaciones, textos escritos por Carter y una colección filatélica egipcia con el tema.

Más información: Museo Egipcio de Barcelona