Las Fallas

Estos días todo Levante huele a pólvora y en los oídos restalla el estruendo de las mascletás. Cuando llegue el fin de semana se les unirán el calor de las llamas y la visión parcialmente tamizada por el humo. Suena raro, casi a tortura o a accidente, pero se trata de algo mucho más importante: las Fallas. Digo importante por dos razones: es una fiesta declarada de Interés Turístico Internacional y un evento más que considerable para atraer visitantes a la zona.

Y aunque no sólo hay Fallas en Valencia (ahí están Castellón, Alcira, Benicarló, Benidorm, etc) e incluso se encuentra ejemplos en otras localidades de España como Calviá o Getafe (hasta en la argentina Mar del Plata), sí es cierto que la capital de la comunidad centra la atención por acoger las más grandes y espectaculares. Y todo por buscarle una forma fácil de eliminar los desechos de los talleres carpinteros en otros tiempos. Si la madera se quema bien ¿por qué no prenderle fuego para quitar de en medio tanta astilla. Item más, ¿por qué no aprovechar y hacer una fiesta en torno a ello? Un poco de música, algo de pirotecnia, unas figuras con ropa vieja y ya tenemos diversión.

Es una historia del origen de las Fallas muy sintética pero ajustada a la verdad, no olviden que el día grande, el 19 de marzo, es San José, patrono de los carpinteros. Las citadas figuras evolucionaron para convertirse en los ninots, esculturas caricaturescas que primero sustituyeron los andrajos por cera y corcho y luego por poliexpán, formando grandes grupos de varios metros de altura -las fallas propiamente dichas- de los que sólo uno se librará de la cremá, la quema: el ninot indultat. Se guardan en un museo.

Sus autores son maestros falleros que trabajan en ellos todo el año, exponiéndolos en las calles unos días –plantá, lo llaman- antes de su gloriosa condena. Maestros también pero pirotécnicos, son los que diseñan los castillos de fuegos artificiales que se encienden cada noche en el Paseo de la Alameda, un espectáculo que llega su apoteosis durante la llamada Nit del Foc.

Tampoco falta la vertiente religiosa típica de la mayoría de las fiestas españolas, con una ofrenda floral a la Virgen y el Patrón local encabezada por la Fallera Mayor y sus damas en el Puente de San José, la misa oficiada por el obispo valenciano y la clásica procesión.

Y por fin llega la tarde-noche del 19, cuando se prende fuego a las Fallas y estas se van fundiendo y desmoronando poco a poco cumpliendo así la misión para la que, al fin y al cabo, fueron creadas. Algo que seguro no evita cierta tristeza en más de un espectador que siempre podrá achacar la lágrima furtiva al humo.

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Foto: stvcr en Flickr