Halley VI, una estación sobre patines en la Antártida


No resulta frecuente porque, al fin y al cabo, la Antártida es un territorio protegido y por tanto está muy poco poblada, pero por una vez la arquitectura vanguardista se aplica a esa zona tan lejana. Se trata de una nueva estación polar llamada Halley VI que se inauguró anteayer y tiene como principal novedad el estar sustentada sobre patines.

El proyecto nació de un concurso convocado en 2004 por British Antartic Survey (sociedad gestora de la expedición británica en ese extremo del mundo) y The Royal Institute of British Architects para diseñar su nueva base. Se presentaron 86 propuestas de varios países y la ganadora fue la aportada por Faber Maunsell and Hugh Broughton Architects, que es un estudio británico así que todo quedó en casa.

Su idea era una estación formada por 8 módulos conectables entre sí y, por tanto con capacidad para ampliar el espacio. Son prefabricados y se pueden transportar ya hechos para su instalación pero lo verdaderamente novedoso es que no se colocan directamente sobre el suelo sino que disponen de unos patines o esquíes, como prefieran, que les aportan dos extras: poder graduarse a la altura necesaria (son hidráulicos) y mayor facilidad para el traslado.

En efecto, no haría falta desmontarlos; sólo engancharlos a un tractor de nieve que los remolcaría en caso de necesidad a una ubicación distinta. Algo muy útil si se tiene en cuenta que esa estación está pensada para cambiar de sitio, pasando de la plataforma helada a tierra firme según la estación: cuando el calor amenace el hielo se desplaza la base al continente antártico, que aunque está cubierto de nieve es de tierra firme.

El complejo tiene un módulo central donde se desarrollará la vida común (cocina, dormitorios, zonas de recreo e incluso un jardín), mientras que los demás módulos, alrededor de él y conectado por pasillos, se destinan a albergar los diversos programas científicos (en general, estudios sobre la capa de ozono y, en particular, las auroras australes). Por lo demás, la estación puede resistir vientos de hasta 100 kilómetros por hora y temperaturas de -30º, llegando incluso a los extremos de -55º.

Está en Brunt Ice Shelf, 1.400 kilómetros del Polo Sur, y la plantilla de científicos será de medio centenar de personas.

Más información: Hough Broughton Architects