Eosinopteryx siembra la duda sobre el origen de las aves

Eosinopteryx siembra duda origen aves

En los comienzos de la paleontología se pensaba, con razón, que en un futuro habría más hallazgos de fósiles y otros descubrimientos que nos permitirían avanzar en el conocimiento teórico del pasado de la Tierra. Y realmente es así pero, a veces, da la sensación de que cuantos más esqueletos y restos encontramos más se complica la cosa. En este caso no hablamos de homínidos sino de la eterna cuestión de los dinosaurios.

Hace poco vieron la luz los restos de una mezcla de dinosaurio y ave que vuelve a liar la madeja del origen de los seres voladores con plumas. Se trata del bautizado como Eosinopteryx, un animal muy pequeño, de apenas 30 centímetros, y el problema es que parece no haber vivido en la época adecuada.

Como sabrán, se piensa que los pájaros son los descendientes evolucionados de terópodos del Cretácico, que discurrió hace unos 120-130 millones de años. Pero los análisis indican que el pequeñajo del dibujo no pertenece a ese período sino al Jurásico, que es anterior, hace unos 145 millones de años.

Y ello implica otras cuestiones que hacen que algunos supuestos que había hasta ahora vayan siendo puestos en duda, empujándose unos a otros como un castillo de naipes en pleno desmoronamiento. Por ejemplo, todos sabíamos que el «primer ave», si se puede llamar así, era el Archaeopteryx. Pero la irrupción de Eosinopteryx podría desplazarle de esa honorífica posición.

Sus restos se hallaron en la formación Tiaojishan de la provincia de Liaoning (al noreste de China) y revelan que, pese a tener plumas, no podía volar por la corta longitud de sus alas y la pesadez de sus huesos. En cambio tenía unas poderosas patas que le permitirían correr a gran velocidad, manteniendo el equilibrio gracias su larga cola emplumada.

El autor del artículo que describe el tema es el doctor Gareth Dyke, profesor titular de Paleontología de vertebrados de la Universidad de Southampton, en colaboración con un grupo internacional de paleontólogos de Bélgica y China. Lo publicaron en la revista Nature y, como es habitual, ahora les toca pelearse con otros colegas para demostrar su teoría.

Vía: Science Daily

Más información: Nature