Imagen: DUOTONE en Pixabay

Budapest es una de esas ciudades que hasta ahora han pasado algo desapercibidas por el turismo, al menos si se la compara con otras como Madrid, Londres, París, Lisboa o Roma. En parte se debe a que la Historia ha jugado en su contra; el aislamiento de la grisáceo de la época comunista es un factor (aunque también Praga y Viena pasaron por ello y supieron sobreponerse), pero otro podría ser su corta edad; al fin y al cabo, la capital de Hungría nació de la fusión de 3 localidades, Buda, Óbuda y Pest, hace relativamente poco tiempo, en 1873.

Esa unión, que suponía juntar ambos lados del Danubio dejando el río como columna vertebral, sirvió para triplicar la población y estimular el crecimiento. La capitalidad, además, implicaba dotar a la ciudad de una arquitectura monumental acorde a su condición y fue en esa época cuando se desarrolló una febril actividad constructora de la que seguramente su edificio más representativo, en doble sentido además, sea el Parlamento.

Llamado Országház (Casa del País) en húngaro, nació casi al mismo tiempo que la democracia nacional: se erigió entre 1884 y 1902, mientras que el sistema político se inauguraba con las elecciones de 1900, si bien el sufragio no sería universal hasta 1945 y sólo por 3 años, los que tardaron los comunistas en derogarlo, no regresando hasta 1990.

Fue diseñado por Imre Steindl, que tras ganar el correspondiente concurso le otorgó un estilo ecléctico aunque de predominio neogótico, claramente inspirado en su homólogo británico, pues aparte del parecido también se alza al borde del agua y, de hecho, a menudo lo sustituye en producciones cinematográficas. Fue el mayor edificio de Hungría y aún hoy es el tercer parlamento más grande del mundo, sólo por detrás de la mole de Bucarest y el de Buenos Aires. Basta reseñar algunas medidas: 268 metros de longitud, 118 metros de anchura, 96 de altura hasta el final de la cúpula, 691 dependencias y 20 kilómetros de escaleras.

Se entra por la Plaza Kossuth subiendo una escalinata flanqueada por gigantescos leones de granito de 6 metros de altura. En el interior, donde el neogótico resulta más matizado por elementos renacentistas y bizantinos, la elegancia viene determinada por los materiales: mármoles, maderas nobles, dorados, tapicería roja… El sistema húngaro es bicameral, con cámaras alta y baja, por lo que el edificio es simétrico, dividido en 2 mitades. El ala norte está dedicada al Gobierno y la sur a la Presidencia de la República. La Cámara Baja la ocupan los diputados en el ejercicio de sus funciones, así que no se puede visitar; la Alta sí.

También es espectacular la Sala de la Cúpula, con las pinturas de Károly Lotz que decoran las bóvedas y la gran estatua de San Esteban, primer monarca de Hungría. En una vitrina se exhiben las joyas reales de la coronación, trasladadas en el año 2000 desde el Museo Nacional: corona, cetro, orbe y espada.

La entrada es gratuita para los ciudadanos de la UE y hay visitas guiadas en español a las 11:30 y 16:30; los domingos, sólo a las 11:30. Buscar alojamiento en Budapest con fines turísticos implica casi obligatoriamente hacerle una visita al Parlamento, su rincón más emblemático.

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