Decrece de tamaño el agujero de la capa de ozono de la Antártida


Durante décadas los sistemas de refrigeración y los aerosoles estuvieron arrojando al aire CFCs (clorofluorocarbonos), gases que provocaban el llamado efecto invernadero y destruían la capa de ozono, esa protección natural que posee la Tierra contra las radiaciones ultravioleta -altamente cancerígenas- procedentes del sol. Esa maquinaria y los sprays iban consumiendo ese filtro provocando un gigantesco agujero sobre la Antártida que crecía año tras año.

Finalmente se entró en razón y se puso coto a ese desmán: el Protocolo de Montreal prohibió la utilización de los clorofluorocarbonos en 1987. Ahora acabamos de saber que, gracias a esa iniciativa, el agujero en la capa de ozono sobre el Polo Sur del planeta ha visto reducido su tamaño. Al menos así lo afirma la Agencia Meteorológica de Japón tras un estudio.

Los científicos nipones, que hacen un seguimiento regular desde la estación de Syowa, midieron su diámetro el pasado mes de septiembre porque entre agosto y este mes es cuando registra el mayor tamaño, decreciendo en invierno. Bien, pues, al parecer, este septiembre ha sido algo excepcional por las altas temperaturas estivales y el agujero llegó a tener 20,8 millones de kilómetros cuadrados.

O sea, casi el doble que la superficie de la Antártida… pero también la menor desde la firma del protocolo. Lo que demuestra que se avanza en la dirección adecuada, aún cuando el hecho de que decrezca el agujero no quiere decir que se regenere el ozono. Además, los expertos de la NASA calculan que la capa sobre el continente helado probablemente no volverá a su estado de principios de los años ochenta hasta 2065.