La procesión del Señor de los Milagros en Lima

Vista de la procesión/Imagen: Mililo2012 en Wikimedia Commons

Si les hablo de una fiesta religiosa de asistencia masiva en la que se sacan en procesión una imagen de Cristo en andas, los cofrades visten de morado y se degustan delicias típicas, casi inevitablemente pensaremos en la celebración de la Semana Santa en algún lugar de España o del mundo católico. Ahora bien, si añadimos que el evento es en octubre seguro que les descoloco ¿no?

La razón es que no, no se trata de Semana Santa ni tiene lugar en nuestro país: la Procesión del Señor de los Milagros, que se celebra en Lima en honor de su patrón local (lo es de todo Perú desde 2010). Y no es una festividad cualquiera, pues muchos la consideran la mayor del mundo, en el ámbito del catolicismo, porque reúne cientos de miles de personas.

Empieza a mediados de septiembre con el traslado de la imagen del Cristo (pintada en un trozo de pared de adobe) al Santuario de las Nazarenas. Allí permanece guardada hasta que llega el 18 de octubre, en que se saca para las procesiones que tendrán lugar no sólo ese día sino también el siguiente y otro más una semana después. Dicha procesión recorre las calles de la capital peruana hasta llegar a la Plaza de Armas, protagonizada por la cofradía de Cargadores que cargan con el paso y precedida por las Saludadoras, damas católicas ataviadas con túnicas rojas que tienen la misión de abrir camino perfumándolo con incienso.

Entre las Saludadoras y los Cargadores van las Cantadoras, que como es obvio avanzan entonando himnos. Y detrás sigue al Cristo una masa de músicos, penitentes y devotos, cuya característica común, extendida también entre el numerosos público, es vestir prendas de color morado; por eso a la fiesta se la llama también el Mes Morado. También es común la degustación de la pancita, el rachi y un peculiar turrón elaborado con anís y sirope de fruta.

Como es habitual por esos contornos, el origen del festejo combina unos cuantos factores entre los que no faltan el típico sincretismo religioso, la historia colonial y los cataclismos geológicos. Así, se supone que la pintura de Cristo fue obra de un esclavo negro, ya que éstos eran muy devotos del llamado Cristo Moreno. Como la pared donde estaba expuesto fue de lo poco que quedó en pie tras el terrible terremoto de Lima de 1655, pasó a ser conocido también como Señor de los Milagros.

Un nuevo seísmo en 1687 y el maremoto de 1746 no hicieron sino afianzar un culto en el que la figura de Cristo venía a identificarse con la del dios prehispánico Pachacámac, según algunos expertos.