El monasterio irlandés de Glendalough

El monasterio irlandés de Glendalough

Una de las excursiones más interesantes que se pueden hacer desde Dublín es a través de las montañas del condado de Wicklow para visitar el valle de Glendalough, cuyo significado en gaélico es Valle de los dos lagos. Ello se debe, como cabe imaginar, a la existencia de dos masa de agua, la inferior y la superior (en la Prehistoria formaban uno solo), en torno a las cuales hay un enorme complejo monástico que es la atracción turística de la zona.

Situado a unos 60 kilómetros de la capital irlandesa, la leyenda cuenta que fue fundado por San Kevin en el siglo VI, tras cederle el rey las tierras del valle que había sobrevolado su ganso después de haber sido rejuvenecido por la milagrosa mano del santo. Luego, tras la muerte de éste, se amplió sucesivamente convirtiéndose en un importante centro de peregrinación, dado que Kevin había trasladado allí varias reliquias traídas de Roma.

Sin embargo, el cenobio, en torno al cual surgió el pueblo homónimo, sufrió los avatares de la Historia, desde las incursiones vikingas al cierre durante el reinado de Enrique VIII pasando por la destrucción inglesa en 1398, y actualmente sólo quedan ruinas. Algunas, eso sí, muy fotogénicas, como la imponente torre-campanario cilíndrica, de 34 metros de altura y construida en piedra desnuda, que parece vigilar las lápidas del pequeño cementerio a sus pies. En ella se refugiaban los monjes con sus tesoros cuando había peligro, pues constituía una verdadera fortaleza; baste ver, como ejemplo, que la puerta se sitúa a 3 metros sobre el suelo (se usaba una escalerilla de mano).

Hay varias iglesias o lo que queda de ellas, pero la más destacada es la Catedral. Erigida entre los siglos X (nave) y XIII (coro, sacristía y fachada norte) ha perdido los frescos que la decoraban aunque aún se puede ver en ella una curiosidad: una tumba de 1750 cuyo ocupante murió a los 106 años de edad. El templo se desconsagró en el siglo XIII.

Cerca está la Cruz de San Kevin, típica cruz céltica con un círculo entre sus brazos que está tallada a partir de un único bloque de granito. La tradición dice que quien la abrace (es bastante grande) volverá a visitar Glendalough. También son interesantes las llamadas Casas de los Priores, denominadas así porque en ellas fueron inhumados los diversos priores que tuvo el monasterio. Se dice que en una de ellas se guardaban las reliquias de San Kevin.

El conjunto monumental ve acentuada su belleza por dos motivos. Uno, la restauración que se llevó a cabo en 1878 para dotar al sitio de un aspecto más presentable y cuyo logro más evidente es el tejado cónico de la torre, fiel reproducción del original. Y otro, el impresionante entorno paisajístico catalogado como Parque Nacional, un verdadero bosque de hayas, robles y abedules que envuelven con su intenso color verde el gris de las piedras.

El trayecto por carretera desde Dublín, sea en autobús o en coche, lleva un par de horas. Una vez en Glendalough hay que pagar si se desea visitar el museo-centro de visitantes (que son muy numerosos por cierto), aunque la entrada al monasterio es libre.

Foto: Tambako the Jaguar en Flickr