Del Floridita a La Bodeguita


Interior del Floridita/Imagen: Tony Hisgett en Wikimedia Commons

Cuando se habla de La Bodeguita del Medio hay que tener en cuenta varias cosas. Primero, que aunque hay un local llamado así en casi todas las ciudades el verdadero está en La Habana. Segundo, que es el sitio que visita la práctica totalidad de los turistas que llegan a la capital cubana, por lo que estará abarrotado. Y tercero, que si a pesar de todo se consigue entrar no decepcionará.

Y es que no puede defraudar un sitio que era el favorito de Ernest Hemingway, sí, pero que también atendió como clientes a Errol Flynn, Pablo Neruda, Gabriela Mistral o Brigitte Bardot, entre otros famosos. Bastaría entretenerse en buscar por la pared las fotos y firmas de todos ellos entre las miles que lustran esos muros; las más famosas, sin duda, la política de Salvador Allende, «Cuba libre, Chile espera»; y la más mundana del célebre escritor y periodista norteamericano, «My mojito in La Bodeguita, my daiquiri in Floridita».

El Floridita es otro popular bar restaurante de la ciudad, aún más antiguo (¡se fundó en 1817!) y que se autopublicita como «la cuna del daiquiri». Tiene una estatua de Hemingway -era un cliente habitual- acodado en la barra junto a la que se fotografía todo el mundo y no se queda atrás en la lista de visitantes ilustres: desde Spencer Tracy, que estuvo allí durante el rodaje de El viejo y el mar, a Jack Nicholson, pasando por Gary Cooper, Sartre, Armani, los duques de Windsor, Ava Gardner, etc.

Al igual que La Bodeguita, también es posible encontrar Floriditas en medio mundo. Sin embargo, La Bodeguita parece haber tenido más éxito mediático, pues hasta ha abierto franquicias en México. Creada en 1942 en una bodega que había en la calle Empedrado, sirve mojitos en la barra de la entrada y típica comida criolla en la parte trasera del restaurante. Incluso el nombre es peculiar, originado porque era una de las pocas tabernas cubanas que no estaba ubicada en una esquina; el Floridita sí cumple esos cánones, en la calle Obispo 557 esquina a Monserrate.

En cualquier caso, puestos a visitar ¿por qué no los dos? Hemingway sí que sabía.