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El Castillo de Neuschwanstein


Resulta curiosa la facilidad con que se puede situar un castillo en el mapa europeo por el aspecto que tiene. Si está en ruinas y cubierto de hiedra/musgo será británico o irlandés; si ha sido rehabilitado como parador o presenta un estado de abandono sin llegar necesariamente a ruina estará casi seguro en España; si parece más un palacete que un castillo, francés; y si parece salido de un cuento de hadas se alzará en Europa central.

De estos últimos el más famoso y fotogénico es uno que tiene nombre imposible, el de Neuschwanstein, que traducido significa Nueva piedra de cisne. Y, en efecto, se alza en Baviera (Alemania) desde que se inauguró en 1886, diecisiete años después de iniciarse las obras que Luis II había ordenado para poder vivir en el lugar donde había pasado su infancia y alejarse del mundanal ruido.

No llegó a verlo totalmente terminado porque se ahogó semanas antes, cuando ya había sido depuesto del trono, por lo que únicamente durmió allí un par de semanas. Por eso se arrestó a los constructores, que se suponía que debían haber terminado los trabajos en 8 años. Quizá los retrasaron las instrucciones de usar sólo materiales autóctonos de Baviera o la picaresca de ir despacio para cobrar más.

Detalle de la barbacana / foto Diego Delso en Wikimedia Commons

No hace falta saber mucho arte para darse cuenta, por las fechas, de que está diseñado bajo conceptos muy diferentes a los de los castillos medievales: ya no se trataba de crear un baluarte defensivo sino un edificio bonito, aunque inspirado en la arquitectura del pasado como parte del revival romántico que se vivió en esa época. Por eso, bajo la batuta coordinadora del neogótico, combina eclécticamente varios estilos que además se integran en el paisaje circundante de montañas, cascadas, lagos y bosques.

La referencia medieval sigue en la decoración interior de sus 360 dependencias, de las que sólo 14 se acabaron porque muchas debían servir para representar óperas y por eso tenían un tamaño grandioso: las hay con motivos legendarios germánicos, mientras que otras presentan un aspecto fantástico (como La Gruta, que recrea una cueva y era el escenario de Tannhäuser).

Sin embargo fue un castillo moderno, dotado de luz eléctrica y el primero que tuvo teléfono. Ahora, propiedad del Estado, es uno de los principales atractivos turísticos del país e incluso presentaron su candidatura a las Nuevas siete maravillas del mundo en 2007, sin éxito. Los miles de visitantes que recibe cada año llegan desde el cercano Hohenschwangau, que es donde está el Ticketcenter para sacar la entrada: 12 euros (11 en reducida y gratis para los menores de edad).