Universidad Autónoma de México, Patrimonio de la Humanidad

Imagen: Gonzjo52 en Wikimedia Commons

En un país lleno de maravillas monumentales como México parece difícil prestar atención a todo lo que no sean antiguos templos prehispánicos, paisajes naturales o playas paradisíacas. Sin embargo, si se hace una visita a la capital sería más que recomendable acercarse hasta la UNAM, Universidad Autónoma de México, y pasear por su gigantesco campus de 730 hectáreas que la convierte en la más grande de Iberoamérica.

La UNAM se fundó en 1910 recordando aquella Real y Pontificia Universidad Mexicana que una cédula de Carlos V concedió en 1551 (que luego terminaría cerrándose). Actualmente tiene medio centenar de edificios, entre los que se incluyen aulas, bibliotecas, museos (Geología, Zoología, Arte, Ciencias, Paleontología…) y otros centros variados de manera que la UNESCO tiene registrados en el recinto 644 bienes culturales, 162 naturales y 24 mixtos. No es de extrañar, pues, que en 2007 declarase al campus de la Universidad Patrimonio de la Humanidad.

Quizá lo más destacado del lugar sean los famosos murales que decoran los exteriores de algunos de esos edificios. El mural gigante es un recurso artístico muy usado en el país -baste recordar las obras ya inmortales de Diego Rivera- y en la UNAM hay algunos magníficos de José Chávez Morado y David Alfaro Siqueiros. Pero el más emblemático, verdadero símbolo de la institución, es el realizado por Juan O’Gorman para la Biblioteca Central.

Se trata de una obra corrida que envuelve las 4 caras del cubo que es el edificio. Con una base de hierro y cemento, los dibujos están hechos con piedras de colores (todas de 1 x 1 metros) traídas de canteras de todo México. Cada lado está dedicado a una época. El norte al pasado indígena, representado por los animales que más importancia tenían para los pueblos anteriores a la conquista: colibrí, serpiente, paloma, garza, conejo y, sobre todo, el águila, que está omnipresente.

El lado sur evoca la etapa colonial, con 2 grandes circunferencias como representación de las teorías cosmogónicas de entonces (heliocentrsimo y geocentrismo), el escudo imperial de los Habsburgo y un águila caída que metaforiza a Cuauthémoc, el último tlatoani (emperador mexica). La cara este está dedicada al mundo contemporáneo, representado por el símbolo del átomo. Y la oeste a la propia Universidad, con su escudo.

Un auténtico espectáculo visual ante el que merece la pena detenerse y contemplar detalle a detalle. Al fin y al cabo, la UNAM también está catalogada como Monumento Artístico de la Nación.