Imagen: Peterfitzgerald en Wikimedia Commons

El Cocora es un valle situado dentro del Parque Nacional Natural de Los Nevados, un vergel natural del noroeste de Colombia, en la Cordillera Central de los Andes. No se trata de un lugar paradisíaco en el sentido clásico del término porque el sol no brilla tanto como debiera para serlo, dado que se halla gran altitud, por encima de 1.800 metros; de hecho, es un bosque nuboso húmedo con grandes índices de pluviosidad (llueve todos los días) porque las montañas detienen a los vientos que soplan desde el Océano Pacífico.

Cocora era el nombre de una princesa del pueblo quimbaya, una etnia precolombina que habitaba esa zona y era famosa por sus bellos trabajos de orfebrería aúrea. Varias rebeliones contra los españoles y las epidemias los diezmaron hasta la extinción. Hoy, aparte de numerosos turistas, viven allí algunos de los mejores representantes de la fauna sudamericana: puma, cóndor, perezoso, tapir, tucán, colibrí…

Pero, sin duda, el gran atractivo del valle es la ceroxylon quindiuense o palmera de cera de Quindío, una especie endémica de los departamentos colombianos de Quindío, Risaralda y Tolima. De aspecto no se diferencia demasiado de otros tipos de palmera de no ser por un detalle: la colosal altura que pueden llegar a alcanzar. Como se puede apreciar en la foto, estos árboles miden hasta 80 metros, destacando muy por encima del resto de la vegetación. Y como además crecen separadas entre sí, el aspecto general resulta muy curioso.

No resulta extraña que el lugar atraiga bastante turismo, de ahí que el gobierno colombiano decidiera protegerlo en 1985 con la catalogación de Parque Natural. Por cierto, las palmeras también han sido declaradas Árbol Nacional y Símbolo Patrio, prohibiéndose su tala.

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