Emilio Salgari: viajar con la imaginación

Emilio Salgari viajar imaginación

Hasta hace poco el turismo era una actividad exclusiva de clases acomodadas. La gente normal tenía que volver a su pueblo para pasar las vacaciones o, si acaso, hacer un viaje cada varios años. Y a destinos nacionales, nada de lugares exóticos. Éstos, carentes de infraestructuras, quedaban sólo al alcance de aventureros. no digamos ya los lugares salvajes. Por supuesto, sin TV, sin Internet y sin la catarata de guías de viajes que hay ahora, la mayor parte del planeta resultaba casi desconocida.

Así que varias generaciones apañaron su ansia de ver mundo con la imaginación y una pequeña ayuda literaria. Julio Verne fue el principal comodín en el que apoyarse pero probablemente la mayoría de los lectores jóvenes, al menos en España e Italia, prefirieron a Emilio Salgari (Verona 1862-Turín 1911), que les enseñó más de esos sitios lejanos que los libros de texto, como decía Umberto Eco.

Casi no hay rincones de la Tierra donde Salgari no ubicara un argumento; tan prolífico fue. Y según contaba, sus novelas eran un reflejo de las aventuras que él mismo había vivido durante sus viajes, pues había ingresado en la marina mercante a los 14 años y obtenido el título de capitán a los 18, navegando por los 7 mares. A los 26 se retiró y se hizo periodista para, 6 años más tarde, dedicarse en exclusiva a la literatura.

Lo gracioso de todo esto es que fantaseaba tanto en la vida real como en la escrita porque, si bien es cierto que había sido marino, no era capitán y el único mar que surcó fue el Adriático y únicamente durante 3 meses. Todo lo que contaba estaba más que inventado y apoyado por fotos y objetos que decía haber traído consigo de esas singladuras pero que, en realidad, solía comprar a los marineros. Eso sí, a algún periodista que denunció este exceso de imaginación le retó a duelo y le mandó al hospital.

Nada de esto les importa a los millones de lectores que han podido viajar por el planeta a través de las páginas de sus historias: Malasia (Sandokán), El Caribe (El Corsario Negro), Nueva Guinea (Los pescadores de trepang), Oriente Medio (El león de Damasco), Australia (El continente misterioso), la India (La montaña de luz), Sudán (La favorita del Mahdi), la Antártida (Viaje al Polo Sur en velocípedo), el Salvaje Oeste americano (En las fronteras del Far West), África (La jirafa blanca), los océanos (Drama en el Pacífico)…

Así hasta 84 novelas y 130 relatos cortos que facilitaron a mucha gente viajar sin salir de casa y ser más felices. Cosa que no logró el propio Salgari; deprimido por los abusos de su editorial, que le pagaba una miseria, y por la enfermedad de su esposa Aida, que fue encerrada en un manicomio, intentó suicidarse en 1909. No lo consiguió en esa ocasión pero sí 2 años después, haciéndose el seppuku (la ceremonia samurai que culmina con el hara kiri) en medio de un parque de Turín.

La carta que dejó a sus editores fue memorable, exigiéndoles que costearan su funeral ya que se habían enriquecido a su costa y terminando: «Os saludo rompiendo la pluma».