El Tren a las Nubes argentino

Imagen: Véronique Debord-Lazaro en Wikimedia Commons

La llegada de la primavera trae consigo la inauguración de muchas ofertas turísticas. Una de ellas es la ferroviaria, pues es ahora cuando empiezan su temporada muchos trenes, tal como estamos viendo estos días. El sábado 31 de marzo, por ejemplo, es el turno de uno de los más emblemáticos de Argentina junto con la legendaria Trochita, de la que hablamos hace poco: el Tren a las Nubes.

El Ferrocarril General Manuel Belgrano, que ése es su nombre oficial, circula por el norte del país en un itinerario de ida y vuelta de 434 kilómetros que comienza en la localidad de Salta y termina en La Polvorilla. Entremedias para sólo en 2 puntos (San Antonio de los Cobres y viaducto de La Polvorilla) y atraviesa 29 puentes, 21 túneles y 13 viaductos por zonas como la Quebrada del Toro. Mientras, recorre una de las rutas ferroviarias a mayor altitud del mundo, 4.200 metros por la cordillera de Los Andes, de ahí su apodo.

El origen de su nombre parece, pues obvio ¿no? Pues no. Aunque tiene que ver, evidentemente, en realidad procede de una película que rodaron dos estudiantes universitarios en los años sesenta, que la bautizaron así al ver las nubes que quedaban por debajo de las vías. De aquella la línea no estaba terminada porque su construcción fue dificultosa y sobre todo larga, larguísima, ya que los primeros estudios datan de 1889 y la decisión oficial no se tomó hasta 1905. Desde entonces los trabajos se extendieron progresivamente, década tras década, con algunas interrupciones ocasionales, hasta que por fin llegó la inauguración en 1948.

Como los tiempos cambian, en 1972 el Tren a las Nubes fue transformado en un ferrocarril turístico que, si bien al principio no tuvo demasiado éxito, en pocos años empezó a atraer curiosos; para la temporada 2012 se esperan 23.000 pasajeros, un 30% más que el año pasado. Téngase en cuenta que su capacidad es de 450 personas y que la temporada termina en diciembre, con la llegada de las lluvias.

El viaje dura 16 horas (sale a las 7.00 y acaba a medianoche) porque se hace a una lenta velocidad de 35 kilómetros por hora, algo debido a que no es un tren de cremallera sino que se basa en un trazado viario a base de curvas y zig zag, que proporciona adherencia a las ruedas. Ello, no obstante, resulta una ventaja porque permite al viajero disfrutar del impresionante paisaje y fotografiarlo sin problemas.

Los vagones disponen de comedor, enfermería, sala de vídeo y guías bilingües; también hay 2 locomotoras, por si acaso. Hay varias tarifas pensadas para los argentinos. Un turista extranjero pagará 147 euros, con desayuno y merienda incluidos en el precio del billete.