El Panteón de los Hombres Ilustres de Madrid

Panteón Hombres Ilustres Madrid

Pues sí, de Madrid. Cuando hablamos del Panteón de los Hombres Ilustres normalmente pensamos en el de París pero resulta que la capital de España también tiene el suyo, aunque no es un lugar especialmente promocionado desde el punto de vista turístico, no sé por qué. Quizá por el continuo despropósito que es su historia.

La idea de enterrar a grandes figuras de la Historia de España bajo el mismo techo (o bajo el mismo suelo) surgió en 1837, en medio del surgimiento del Estado liberal y en plena Guerra Carlista. El sitio elegido fue la iglesia de San Francisco el Grande, vacía tras la Desamortización, y las Cortes habrían de decidir qué personajes tenían derecho a descansar en el sitio, siempre con un mínimo de 50 años tras su muerte.

La Academia de la Historia redactó una lista pero hasta 1869, es decir, ya triunfante la Gloriosa Revolución que derrocó a Isabel II, no se organizó una comisión encargada de reunir los cuerpos. En dicha comisión estaban grandes protagonistas del momento en diferentes campos, como la política (Olózaga, Figueras, Silvela), la cultura (Ruiz Aguilera, Fermín Caballero, Fernández de los Ríos), la literatura (Hartzembusch, Ruiz Aguilera) y el arte (Antonio Gisbert, Pere Borrel) pero su trabajo resultó bastante frustrante, puesto que muchos de los cuerpos de la lista, primer despropósito, jamás aparecieron: Velázquez, Cervantes, Lope de Vega, Luis vives, Tirso de Molina, Jorge Juan…

A pesar de ello, ese año se inauguró el panteón con un gran cortejo fúnebre de 5 kilómetros y 100 salvas de cañón. Fueron depositados los restos de escritores (Garcilaso de la Vega, Alonso de Ercilla, Quevedo, Calderón de la Barca), arquitectos (Ventura Rodríguez, Juan de Villanueva), militares (el Gran Capitán, Gravina), políticos (el marqués de la Ensenada), etc. Pero nunca se llegaron a hacer los sepulcros y tiempo después se devolvieron los cuerpos a sus lugares de origen; segundo despropósito.

En 1890 fue convocado un concurso para reconstruir la Basílica de Nuestra Señora de Atocha, que estaba en ruinas, y la reina regente María Cristina quiso que se hiciera un panteón anexo, dado que allí estaban enterrados ya los generales Palafox, Castaños, De la Concha y Prim, además del político Ríos Rosas. Ganó el proyecto presentado por Fernando Arbós y Tremanti, si bien sólo una parte de él se terminaría; tercer despropósito.

Era -es- un edificio de estilo neobizantino, de planta cuadrada, amplias vidrieras y una gran cúpula bajo la que están los mausoleos. Y, aunque Palafox y Castaños fueron trasladados a los lugares donde ganaron su fama, Zaragoza y Bailén respectivamente, otros ocuparon su sitio: Olózaga (que había estado en la comisión originaria), Canalejas, Dato, Cánovas del Castillo, Martínez de la Rosa, Calatrava, Mendizábal, Muñoz Torrero, Argüelles y Sagasta (cuya tumba fue muy polémica ¡porque incluye una escultura de un obrero en alpargatas!).

Pero entonces llega un cuarto despropósito: hoy sólo queda Canalejas porque cada ciudad reclamó a su héroe local (se podría añadir un quinto: la iglesia quedó en estado de abandono durante décadas). Al menos sí se conservan los espléndidos monumentos funerarios, algunos firmados por maestros como Mariano Benlliure, Federico Aparici, Agustín Querol o Ponciano Ponzano. Se pueden ver en la calle Julián Gayarre 3.

Foto: Albeins en Wikipedia