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Cocos por correo y para producir electricidad


Acabo de leer un artículo insólito en la edición en papel del National Geographic de este mes. Lo escribe Luna Shyr y se titula Mil manera de usar el coco, un divertido juego de palabras que esta vez hay que interpretar literalmente porque trata precisamente de eso: de lo múltiples usos que se están dando a los cocos.

El Hombre, dicen los estudios, lleva medio millón de años utilizando este fruto y actualmente continúa en esa línea de aprovechamiento de forma mucho más extensa y versátil de lo que podríamos imaginar. No sólo en cuestiones gastronómicas (el agua de coco ya no se toma directamente de la cáscara de forma exclusiva sino que también se envasa como bebida electrolítica) sino también en otros campos.

El ejemplo más reseñable en un post como éste sería su uso como fuente de energía: varios países del Pacífico Sur (Filipinas, Papúa-Nueva Guinea, Vanuatu o Tokelau, entre otros) lo usan para producir electricidad a partir del aceite que extraen de él.

Pero lo que más me sorprendió del artículo fue descubrir que en EEUU se pueden enviar cocos por correo ordinario, sin necesidad de que vayan en cajas. Basta escribirles la dirección en el exterior y pegarles los sellos. El resto ya es cosa del cartero, aunque no acabo de entender para qué remitir un coco si se puede comprar en cualquier tienda.

Y sin embargo, parece ser que así se transportan 3 millares de cocos cada año desde Hawai al continente. El envoltorio es sobradamente resistente y hermético. De hecho, los cocos llevan millones de años viajando por el océano de isla en isla, flotando a la deriva, lo que les permitió extender su especie por nuevas tierras.

Foto: Cory Doctorow en Flickr