Ruedas para las tortugas con patas amputadas

Saltando de enlace en enlace, como muchas otras veces, he acabado dando en YouTube con este curioso vídeo. El cada vez más avanzado mundo de las prótesis nos ha permitido llegar a ver a un atleta, el sudafricano Pistorius, que no sólo corre los cien metros lisos careciendo de piernas sino que reclama el derecho a hacerlo en las mismas competiciones normales, midiéndose a los deportistas «sanos».

Pero a veces no hace falta recurrir a la alta tecnología ni a la fibra de carbono ni a diseños complejos. Algo tan simple como una rueda giratoria, como las de las mesas de televisión o los carritos de bebidas, por ejemplo, puede convertirse en un eficaz sistema que garantice una vida en condiciones para un ser vivo.

Es el caso de los animales. Concretamente, el del vídeo: una tortuga llamada Gamera a la que una herida infectada obligó a amputar su pata delantera izquierda. Como los quelonios no son precisamente ágiles, le hubiera resultado muy difícil -por no decir imposible- moverse sólo con las tres restantes. Ahí entra lo que el doctor Nickol Finch, autor de la operación, define como «ser creativo».

Aprovechando las ventajas que proporciona el duro caparazón, a Gamera se le colocó una ruedecilla en el lugar del muñón y ahora puede hacer una vida razonablemente normal. Y larga, puesto que cuando le pusieron su prótesis sólo tenía doce años. Por cierto, por la cantidad de vídeos que hay sobre tortugas tullidas con ruedas hay que deducir que se trata de un sistema habitual en estos casos.