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El Torii de Miyajima


Junto con la bandera del sol naciente, el Castillo de Osaka, los almendros en flor y la silueta nevada del Monte Fujiyama, probablemente no haya mejor emblema turístico de Japón que los torii. Los habrán visto en muchas fotos, como ésta de arriba, que es quizá la del más famoso, el de Miyajima, en la ciudad de Hiroshima (sí, la de la bomba atómica).

Ojo, que la imagen puede resultar engañosa: el torii de Mijajima, que es especialmente conocido porque queda completamente rodeado por el agua cuando sube la marea, mide 16 metros de altura. Eso sí, resulta un ejemplo perfecto de cómo son estos singulares elementos arquitectónicos: 2 columnas atravesadas en su parte superior por otros tantos travesaños paralelos entre los que se coloca una tabla vertical con escritura.

Suelen ser de madera pintada de rojo, asociado en Asia a la buena fortuna. Claro está que luego hay variedades: otros colores, otros materiales, otros tamaños y otras estructuras complementarias. Lo que sí es común es su carácter simbólico como entrada a terreno sagrado, de ahí que muy a menudo se encuentren haciendo de puertas de los templos sintoistas. De hecho se ven construcciones semejantes en India (llamadas torana), China (pailou) y Corea (sotdae).

Lo mas fascinante de los torii, como siempre, es la leyenda que trata de explicar su origen. Amaterasu, diosa de la luz, derrotó a su hermano Susanoo, señor de las aguas, en una competición para esclarecer quién debía reinar en el Paraíso: nada menos que ver quién engendraba más dioses (ganó él pero usando una joya de ella, por lo que al final la victoria se le concedió a su hermana). Susanoo no aceptó de buen grado la derrota y se vengó destruyendo arrozales y haciendo otras barbaridades, metáfora de los primeros pecados.

Foto Jakub Halun en Wikimedia Commons

Cuando despellejó vivo un caballo alado y lo arrojó entre las hilanderas de Amaterasu causándoles la muerte -el primer crimen-, ella se escondió en la cueva Ama no Iwato cerrando la entrada con una gran roca. El mundo se quedó entonces sin la luz del sol por lo que los otros dioses idearon varios trucos para hacerla salir. Una versión cuenta que la diosa Ame no Uzuma entró en trance bailando y se desnudó provocando la risa y el escándalo, lo que hizo a Amaterasu asomarse por curiosidad; otra dice que lo que le llamó la atención fue un grupo de gallos que los hombres colocaron en una valla -lo que luego sería el torii-.

En cualquier caso, en cuanto Amaterasu salió se deshicieron de la roca por lo que ya no pudo seguir escondida y volvió a reinar mientras su hermano era castigado.