El Monte Saint Michel

Después de las iglesias de Notre Dame y el Sacré-Coeur, ambas en París, el monumento más visitado de Francia es el Monte Saint Michel, situado en la Baja Normandía. Casi 3 millones y medio de visitas al año demuestran el interés que despierta este curioso lugar que desde 1979 está catalogado como Patrimonio de la Humanidad junto con la bahía donde se alza y el cercano molino de Moidrey (a 4 kilómetros).

Monte Saint Michel

La historia de Mont Saint Michel es tan fascinante como su mismo aspecto. Se remonta a la Antigüedad, cuando el monte era un lugar utilizado por los druidas para el culto a Belenos; aún se conservan restos de megalitos en los subterráneos. Entonces aún estaba rodeado de tierra pero un cataclismo indeterminado hundió el entorno y lo dejó convertido en una especie de islote en pleno estuario del río Couesnon.

Luego, la acostumbrada cristianización de los viejos centros religiosos paganos originó la leyenda del sueño que tuvo el obispo, en el que el arcángel San Miguel le ordenaba construir allí un templo. De ahí el nombre y la espectacular estatua dorada que corona el conjunto a 170 metros de altura.

Entre los siglos VIII y IX, una orden benedictina se estableció en aquel montículo rocoso de 280 hectáreas, menos de un kilómetro de perímetro y 92 metros de altitud. El monasterio sería destruido en el siglo XIII por una incursión bretona, lo que obligó a levantarlo de nuevo dos décadas después y a fortificarlo para evitar más sustos. Desde entonces nunca volvió a ser conquistado.

Con la Revolución Francesa se reconvirtió en prisión y, finalmente, pasó a ser lugar de interés turístico. No tanto por la abadía gótica o las laberínticas callejuelas del pueblo, llenas de rampas, escaleras de piedra y caballeros de armadura que le dan la correspondiente ambientación medieval, como por el fenómeno natural que lo caracteriza: el acceso únicamente en barca cuando hay pleamar o a pie cuando baja la marea (aunque ahora una carretera garantiza el paso, transformando el sitio en un istmo).

Foto: Fabos en Wikimedia