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El equinoccio de otoño en Chichén Itzá


Si hay un lugar en el mundo al que acudir para vivir un equinoccio es la vieja ciudad maya de Chichén Itzá, en México, Patrimonio de la Humanidad y una de las nuevas Maravillas del Mundo. No sólo por la belleza arqueológica del propio lugar sino también porque cada 22 de septiembre, coincidiendo con la celebración del equinoccio de otoño, la majestuosa pirámide conocida como El Castillo acoge el regreso a la Tierra de Kukulkán. Y no todos los días se puede contemplar, fotografiar o grabar en vídeo la llegada de un dios.

Ocurre al caer la tarde, cuando miles de curiosos ya están allí reunidos, unos para ver el fenómeno y otros para acompañarlo con cánticos y oraciones convenientemente programadas por las autoridades turísticas. Entonces los rayos del sol van proyectándose sobre la gran escalinata, cada vez más cerca del suelo y, por tanto, provocando que la sombra de las siete plataformas de la pirámide tapen parcialmente el lateral de la escalera, dejando sólo la parte superior de ésta.

El efecto visual es el de una larga serpiente luminosa (Kukulkán era la versión primigenia de Quetzalcoátl, la Serpiente Emplumada azteca) descendiendo desde lo alto del templo, algo que se refuerza con la cabeza de piedra de un ofidio que se ha colocado al final, en la parte baja. Un emocionante espectáculo que demuestra la genialidad de los arquitectos y astrónomos mayas.