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La importancia de la técnica en la conquista de México


Es curioso. Si anteayer reseñaba los 80 años de una derrota, el Desastre de Annual, mañana es el 490º aniversario de la conquista de México por Hernán Cortés. En concreto, de la rendición de la capital azteca, Tenochtitlán, después de 3 meses de asedio y feroces combates casa por casa.

Hizo falta aplicar un minucioso plan que suponía el corte absoluto de suministros (tanto de comida como de agua), la demolición sistemática de las manzanas de edificios que se iban tomando, el bombardeo desde bergantines (a 300 kilómetros del mar y 2.200 metros de altitud, hay quien considera aquélla la primera batalla naval de América) y, en general, el uso de todos los adelantos bélicos europeos de entonces.

El 13 de agosto la canoa del tlatoani Cauthemoc fue capturada por un bergantín cuando trataba de evadirse por el lago sobre el que se alzaba la ciudad, poniéndose así fin a toda resistencia. Se derribaron los teocallis (templos) y empezó la reconstrucción de la urbe al estilo hispano.

Un dato técnico anula los tópicos: los expertos dicen que las armas de fuego carecieron de importancia en la conquista de México. Los arcabuces de los españoles tardaban mucho tiempo en cargarse y, de todos modos, había pocos. Tampoco las armaduras fueron decisivas porque la mayoría de los soldados las sustituyeron pronto por los chalecos acolchados de algodón endurecido que usaban los nativos, más frescos y ligeros. Cañones, apenas había unas pocas piezas que, además, sólo admitían un número limitado de disparos antes de calentarse tanto que había que dejarlos enfriar. Y los perros de guerra sólo eran un complemento más psicológico que otra cosa.

La falta de anticuerpos contra enfermedades como la viruela fue, sin duda, decisiva y causa principal de que la población quedara diezmada. Pero las verdaderas claves bélicas fueron tres. Primero, los caballos: aunque fuera sólo con cuatro decenas de animales, una carga de caballería era imparable para el que la sufría a no ser que formara en cuadro con largas picas hacia fuera, como se hacía en Europa; no era el caso de los aztecas, obviamente. Segundo, las espadas: el acero toledano de sus hojas permitía combatir horas sin estropearse mientras que los cristales de obsidiana de las macanas indígenas iban mellándose poco a poco hasta perder su filo; además las espadas atravesaban fácilmente las armaduras acolchadas. Y tercero, Cortés supo encauzar el odio de todos los pueblos sojuzgados por el imperio azteca, atrayéndolos como aliados. Por eso unos pocos cientos pudieron derrotar a tantos y cambiar el curso de la Historia.