Combarro, tipismo y belleza de Galicia

Combarro, tipismo y belleza de Galicia

No es habitual encontrar la unanimidad que consigue arrancar a sus visitantes el pueblo gallego de Combarro. Basta un rápido repaso por Internet para encontrar una catarata de loas a este pequeño y pintoresco lugar del municipio de Poio, situado a unos 7 kilómetros de Pontevedra y habitado por apenas millar y medio de habitantes, que dependió hasta el siglo XIX del cercano monasterio de Poio desde que le fue cedido, junto a la isla de Tambo, por la reina Urraca en el siglo XII.

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El maravilloso casco arquitectónico en el que destacan tres elementos fundamentales. El primero lo constituyen las casas marineras, que se suceden por la Rúa, la calle principal, adosadas unas a otras y presentando cara al mar sus típicos balcones; al final hay otra calle, la Rúa Cega, cuyas viviendas no están orientadas hacia el agua, por lo que probablemente eran de familias agricultoras. En segundo lugar está la treintena de hórreos de piedra (aquí llamados palleiras, en alusión al techo de paja que tenían antaño), la mitad de los que existen en el concejo. Y, por último, los cruceros son construcciones medio arquitectónicas, artísticas y religiosas a partes iguales especialmente abundantes y típicos en Galicia, pero Combarro tiene nada menos que seis en sus calles, todos ellos con más de doscientos años de antigüedad.

La gracia del pueblo estriba en que está construido sobre un afloramiento de granito -que se puede ver en algunos tramos callejeros- y asomado al mar, el cual lame sus callejones cuando sube la marea mientras que al bajar deja una amplia explanada de arena mojada en la que las mujeres se dedican a marisquear. Todo ello hace que haya sido declarado Conjunto de Interés Artístico en 1972.

Foto: Sobre Galicia