Las simas del Parque Nacional de Jaua- Sarisariñama

Las simas del Parque Nacional de Jaua-Sarisariñama

Aparte de crear a Sherlock Holmes, el escritor escocés Arthur Conan-Doyle es el autor de una entretenida novela de aventuras titulada El mundo perdido en la que sus protagonistas, encabezados por el profesor Challenger, realizan un viaje a un tepuy amazónico y descubren eso, un mundo detenido en el tiempo donde aún sobreviven los dinosaurios. Un tepuy es una formación geológica típica de esa región consistente en una meseta de considerable altitud y paredes bastante escarpadas.

Foto Dominio público en Wikimedia Commons

Lo cierto es que Conan Doyle dio en el clavo, pese a lo poco que se sabía en su época del tema. Porque en el estado venezolano de Bolívar, muy cerca de Brasil, hay una zona prácticamente aislada de la civilización (ninguna carretera pasa cerca y se llega navegando por el río Caura o en helicóptero) que está formada por tres de esas mesetas, con altitudes entre 500 y 2.500 metros y una antigüedad que se remonta al Precámbrico. Es el Parque Nacional de Jaua-Sarisariñama, cuyas 330.000 hectáreas están protegidas desde 1978.

Foto sarisarinamanr.blogspot.com

Pero estas moles de piedra arenisca cubiertas en su cima por frondosa vegetación y rodeadas por nubes bajas aún presentan otra sorprendente maravilla natural: varias simas circulares, de 350 metros de diámetro por otros tantos de profundidad, probablemente originadas por un colapso a causa de la erosión de corrientes subterráneas hace milenio y medio. El resultado: las paredes son tan verticales que la fauna y flora que habitan en el fondo no pueden salir, dando lugar a un ecosistema endémico, único en el mundo.

Foto iVenezuela.travel

La mala noticia es que su visita está restringida a científicos, por lo que los viajeros tienen que limitarse a ver el parque o sobrevolarlo.