¿Cuánta radiactividad puede aguantar un ser humano?

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El desastre nuclear de Fukushima sigue de actualidad, aunque sea como referencia. El terremoto de Lorca no afectó a la central nuclear más cercana pero mantiene en el candelero el tema de las fugas de radioactividad: ¿cuánta podría soportar un humano? El otro día recordé una reseña del incidente ocurrido en 1987, en la ciudad de Goiânia, Brasil. Resulta que dos ladrones entraron a robar en una clínica cerrada, desmantelando el equipo y vendiéndoselo a un chatarrero al que llamó la atención un cilindro de plomo con un orificio por el que, en la oscuridad, se veía un brillo azul.

Se trataba de una pequeña pero letal cápsula de sales de cloruro de cesio y la maquinaria adquirida, material médico radiológico para tratar cánceres, puesto que el inmueble robado había sido el Instituto Goiano de Radioterapia. Todos los que tuvieron contacto más o menos directo con el producto, más de dos centenares de personas, enfermaron de mayor o menor gravedad, según su exposición, con una insólita excepción: el chatarrero, que pese a recibir altas dosis sobrevivió por no estar en contacto permanente (a veces tener que ir a trabajar no es tan malo). Pero sí fallecieron su esposa, su hija y dos empleados, unas por estar demasiado tiempo junto al cloruro de cesio y otros por untarse con él en plan pintura corporal.

La cápsula contenía 74 terabecquerelios que provocaban a quien estuviera cerca la absorción de 4,5 grays por hora de exposición. Gray (Gy) es la unidad internacional para medir la radiación ionizante que absorbe el cuerpo. Hasta 1,50 los síntomas son vómitos, mareos y alteraciones sanguíneas. Por encima de 1,5 Gy la radiación empieza a destruir las defensas orgánicas. Si la dosis sube, los efectos negativos también: 3 Gy suponen quemaduras, 5 pérdida de pelo, 10 el daño irreversible de los órganos internos, 20 la muerte. Si alguien tiene curiosidad, una radiografía supone 0,0004 grays.