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Adiós al último combatiente de la Primera Guerra Mundial


El pasado viernes falleció un hombre normal que, por azares del destino, se había convertido en protagonista involuntario. Nacido en Inglaterra, se llamaba Charles Stanley Choules y la causa de su popularidad residía en que era el último combatiente de la Primera Guerra Mundial que quedaba con vida: tenía 110 años y participó en aquel conflicto en la Marina Real, a bordo del HMS Revenge.

Se le puede definir, pues, como un hombre del siglo XX en todos los sentidos; no hay que olvidar que actualmente los historiadores consideran que esa centuria empezó realmente en 1914, con el estallido de aquella guerra a la que las potencias europeas consideraron inevitable. De hecho estuvieron preparándose para ella durante años hasta que un 28 de junio el archiduque Francisco Fernando, heredero del trono austríaco, fue asesinado a tiros durante una visita oficial a Sarajevo. El asesino, un estudiante bosnio cuyo nombre no alcanzó nunca la popularidad de otros homicidas (se llamaba Gavrilo Princip) dio así la excusa para empezar una de las mayores matanzas de la Historia.

Y es que coincidieron un montón de factores: una ingente producción industrial militar que necesitaba salida, las rivalidades coloniales, el conflicto entre Rusia y Austria-Hungría por los Balcanes, la reclamación de Francia a Alemania sobre Alsacia y Lorena (arrebatadas en 1871), lo mismo de Italia al Imperio Austro-Húngaro sobre Trieste, el reparto entre Bulgaria, Serbia y Grecia de la Macedonia turca, el anhelo de Serbia de hacerse con Bosnia-Herzegovina, la desconfianza de Inglaterra ante el creciente poder alemán… Un auténtico lío. Muchos no saben que también se sumaron al conflicto países insólitos -aunque no todos llegaron a combatir- como Nepal, San Marino, Liberia, Andorra y buena parte de América Latina.

El decorado bélico ya es conocido. Por primera vez participaban aviones, la artillería vivía su momento dorado con el añadido de la invención del carro de combate, la caballería practicaba sus últimas cargas y el el desarrollo general se basaba en algo inventado en España durante el sitio de Bilbao en la Primera Guerra Carlista: las trincheras. En 1917 Rusia experimentaba la Revolución bolchevique y firmaba un armisticio con Alemania meses antes de que EEUU decidiera intervenir junto a los aliados por las pérdidas que le ocasionaban los submarinos germanos. Al final la paz acordada mediante el Tratado de Versalles (1919) sólo sería un intermedio por las condiciones humillantes impuestas al perdedor.