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Salvando a la última tortuga en Vietnam


Noticia inaudita y fascinante, la que venía en la prensa el pasado jueves: soldados del ejército vietnamita, zoólogos, naturalistas y centenares de voluntarios bajo la coordinación de un consejo especial, llevan no sé cuánto tiempo intentando capturar a una tortuga en el Lago Hoan Kiem, cerca de Hanoi. Hasta ahora el animal ha conseguido escabullirse incluso cuando parecía haber caído en las redes. Y eso que va en contra de sus propios intereses porque no se trata de una vulgar partida de caza sino de rescatarlo de unas aguas que se hallan altamente contaminadas. De hecho, se cree que está enfermo.

Aclaremos que no es una tortuguita de terrario precisamente: pertenece a la especie Rafetus swinhoei, un quelonio gigante de caparazón blando que mide metro ochenta de longitud, pesa alrededor de doscientos kilos y, según estimaciones, debe rondar los cien años de edad (los vietnamitas hablan de trescientos pero es una exageración). Las numerosas cicatrices que se han observado en su cuerpo (anzuelos, peleas, ataques de depredadores, la propia basura…) dan fe de esa larga existencia; como Moby Dick con los arpones en el lomo, fruto de intentos fallidos de caza.

Dado que únicamente quedan otros tres ejemplares en el mundo (uno en el mismo Hanoi y dos en China) y todos los intentos por lograr la reproducción de estas tortugas en cautividad han fracasado, la especie parece abocada a su extinción. Trasladar a esta última superviviente a un acuario y proporcionarle el adecuado tratamiento para que se recupere parece casi un deber moral y así se lo han tomado en Hanoi, pues nadie olvida de la leyenda, bastante parecida a la de Excalibur por cierto: en el siglo XV una tortuga gigante entregó una espada al rey Le Thai To para derrotar a los invasores chinos; una vez conseguida la independencia del país, el quelonio se llevó el emblemático arma a las profundidades del lago Luc Thuy y nunca se volvió a encontrar.

Foto por: AP/Cleveland Metroparks Zoo